Celebremos y/o conmemoremos con compromiso este 8 de marzo

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Felicitar a a las mujeres que nos rodean, cada 8 de marzo, se hizo tradición. Se felicita por ser el Día internacional de la mujer.

Tengo que decir que en lo personal no me molesta. Sé que quienes me felicitan lo hacen con buena intención.  Sin embargo, hay quienes se niegan a recibir una felicitación por lo que conmemora este día.

Una fecha señalada por Naciones Unidas pero marcada por la muerte de 129 mujeres en el incendio de la fábrica Cotton, de Nueva York. Mujeres que lo que hicieron fue alzar la voz por sus derechos.

Una fecha antecedida por la persecución de las mujeres rusas a quienes el zar Nicolás II ordenó disparar a matar mientras se unían para protestar por lo soldados muertos en la I Guerra Mundial.

Historias de supresión, de dolor, de desigualdad, de falta de oportunidades pero ante todo, historias que muestran coraje y valentía.

Hoy, al conmemorar o celebrar el Día Internacional de la Mujer, quiero recordar a Adriana, Aracelly, Carolay, Danaysha, Flor, Karla, Marlene, María del Carmen, María Luisa, Melba y Vilma. Esos son los nombres de los 11 femicidios ocurridos en Costa Rica el año pasado.

Pero hay 41 mujeres más que perdieron su vida de forma violenta y cuyos casos aún están bajo investigación.

Al 17 de febrero de este año, hay dos mujeres muertas por femicidio y nueve más, con una muerte violenta en investigación.

Esto son los datos de El Observatorio de Violencia de Género. Lamento no tener todos sus nombres porque debemos tenerlos tatuados en el corazón, en el alma, para recordar cada minuto lo que, como sociedad, no podemos permitir que se siga dando.

Porque son rostros, algunos ahora sin nombre, de mujeres que tenían una historia, una vida por vivir, una familia que las llora.

¿Hemos avanzado como sociedad en la igualdad de género? La respuesta es un indiscutible, sí. ¿Nos falta camino? La respuesta es otro rotundo, sí.

Luchá conmigo

Cuando, el año pasado, colgué en mi perfil de Facebook un marco que decía: “no me felicités, luchá conmigo”, es una invitación a seguir luchando contra esos resabios de la sociedad patriarcal y machista.

De seguir trabajando para erradicar esas formas de violencia que destruyen vidas.

Nuestro aporte lo podemos hacer cada día. El cambio comienza por lo cotidiano, lo sencillo. Está en cómo nos portamos en nuestro entorno. Está en dejar de juzgar por el largo de la falta o la profundidad del escote. Que no sea el color del pelo o el número que marca la báscula lo que siga determinando a una mujer.

Parar de repetir esos cuentos infames de los favores sexuales que pagó ella o la otra para acceder al puesto que tiene. Dejar de lado las “bromas”, de “anda con la regla” o es “falta de hombre”, o esa tan común entre los machos de: “parecés una nena”.

Y mujeres vivamos la sororidad. Dejemos de golpearnos a las espinillas entre nosotras mismas.

Que hoy sirva para recordar nuestro compromiso de trabajar por una sociedad, cada vez más equitativa y justa.

Que sirva para reafirmar el compromiso, como sociedad, de avanzar a que ningún niño tenga que perder a su madre, ningún padre a su hija, nadie a su amiga, a su compañera de trabajo, a su vecina, a su hermana, por un femicida.

 

 

 

 

 


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Escribir me permite redescubrir el mundo, cada día.