Escuchar este artículo
Tiempo de Lectura: 4 minutos

“¡El mío tiene carne de cerdo!”, clama Nathan de 4 años. “El mío zanahoria, ¡zanahoria!”, dice sonriente Kimberly de 5, con felicidad, mientras mordisquea el vegetal. Y la pequeña Gaby sumerge sus manos en la masa, sintiendo la textura de lo que en un unas horas, se convertirá en una piña de tamales. “Son para mis papás”, adelanta Abigail de 5 años.

Son parte de los 28 menores que cursaron el año en el Centro de Cuido y Desarrollo Infantil (Cecudi) en Montes de Oca. Hoy celebraron la víspera de Navidad con una tamaleada, que no solo les enseñó de orden en la cocina y preparación de alimentos, sino que estimuló sus sentidos y colaboró en su desarrollo.

Es uno de los actos de cierre de año en el establecimiento de la Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil, sistema que actualmente cubre a 56.297 menores en más de 1.200 alternativas en todo el país, la mayor parte del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS).

Alicia y ‘Monse’ se aplicaron en la preparación de tamales. (Manuel Sancho/El Observador)

Alicia Riba, vecina de San Rafael en este cantón josefino, inscribió a su hija Monserrat de 2 años, a inicios del 2019 en el Cecudi de Montes de Oca. Lo hizo convencida de que la experiencia a través del sistema de educación pública, sería beneficiosa, positiva y tan completa como otra opción para Monse.

“El papá y yo somos crías de Cen-Cinai (Dirección Nacional de Centros de Educación y Nutrición y de Centros Infantiles de Atención Integral, también de la Red de Cuido) de distintos barrios. Queríamos que ella tuviera esta experiencia. Nuestro objetivo fue que se mantuviera con educación pública”, explicó Riba.

Siendo madre y padre asalariados, no cumplían todos los requisitos para que su hija ingresara a un Cen-Cinai. Por eso tomaron la decisión de pagar su cuota al municipio, para que Montserrat entrara a la Red de Cuido.

Maestras y deás personal del Cecudi guiaron a los pequeños. (Manuel Sancho/El Observador)

La idea de niños de todo tipo de origen, sea de familias de bajos ingresos o no, conviviendo y creciendo juntos, está en la esencia de la Red, creada en la administración de Laura Chinchilla en el 2014.

Alicia Riba conocía poco del modelo, pero luego entendieron los detalles del modelo de subvención. “Hay un tope de salario. No se cierra la oportunidad a una persona que tenga un mejor salario, pero hay una lista de prioridades a quién más necesita ir primero, lo cual es justo”, mencionó.

Se crea la Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil (Redcudi), con la finalidad de establecer un sistema de cuido y desarrollo infantil de acceso público, universal y de financiamiento solidario que articule las diferentes modalidades de prestación pública y privada de servicios en materia de cuido y desarrollo infantil, para fortalecer y ampliar las alternativas de atención infantil integral.

Ley 9220 de creación de la Red

OBSERVE MÁS: Ante déficit de cobertura de la Red de Cuido, alianzas con privados son un camino

Igualdad y unión

Los pequeños fueron entendiendo poco a poco la tamaleada. (Manuel Sancho/El Observador)

Maylid Quesada, profesora del Cecudi, aseguró que se da un enfoque integral, tanto de habilidades y destrezas, como la parte social, cognitiva, de lenguaje y afectiva. Si bien se respeta el ritmo de cada persona, se busca un crecimiento parejo y holístico.

La población va desde los 10 meses hasta los 6 años, con contextos familiares distintos, variaciones que implican retos. “No todos tienen lo mismo. Cuando vas a entregar materiales, cuando vas a utilizar distintos recursos, hay que irlos nivelando”, dijo la educadora.

Pero no hay diferencias en el cuido y trabajo. Los niños (a diferencia de los adultos) no tienden a tener filtros y prejuicios en sus miradas al mundo y a los demás; en si el otro es más moreno, o tiene menos dinero, o no tiene un carro último modelo. La forma en que juegan y preparan tamales, puede ser la expresión máxima de igualdad, que los gobiernos dicen perseguir.

Los centros de la Red de Cuido abren todos los días, excepto feriados. Para algunas familias es la opción de que sus hijos coman durante el día. (Manuel Sancho/El Observador)

Quesada comentó que algunos niños – por sus condiciones y carencias – disfrutan más o perciben distinto algunas actividades, como estar en una piscina. Pero eso no altera el trato ni las relaciones.

“Aunque algunos tengan mayores recursos que otros, todos podemos desarrollarnos, todos podemos elevar nuestro potencial, todos podemos lograr objetivos, alcanzar propósitos en la vida. Cuando incluimos a todos, en sus diferentes opciones, permite que todos vayan viendo que pueden unirse”, explicó

“Le ha disparado la parte social, cognitiva. Ha aprendido muchas palabras, a comunicarse”, resaltó Riba, sobre Monse, quien ingresó de año y cuatro meses.

También destaca que es más accesible, sin perder calidad. Incluso la cocinera y la nutricionista del Centro consideran las costumbres vegetarianas del hogar y de ambos padres.

“Aquí hay comunidad. Los chiquitines siempre están juntos, con sus momentos de aula. Comparten mucho para apoyarse. (…) La calidad de enseñanza es muy buena. Es la manera que siento yo de construir comunidad. Ojalá que más personas que tienen la capacidad de pagar puedan matricular a sus hijos e hijas en una institución de este tipo”, enfatizó.

OBSERVE MÁS: Inauguran nueva Casa de la Alegría para cuidar niños de migrantes que trabajarán en cosecha del café en Grecia


Traducir artículo