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La ruta fijada por las proyecciones del Ministerio de Salud pronosticaban para estas fechas estar de vuelta en los 100 casos diarios de COVID-19 y no haber pasado de los 35.000 casos totales, un plan que no se refleja en lo que está pasando en la vida real.

Costa Rica, cuya gestión inicial de la pandemia fue elogiada a nivel internacional, enfrenta ahora un promedio de 1.000 nuevos contagios por día que amenazan su capacidad hospitalaria y supera los 45.000 casos acumulados, una cifra que se esperaba para octubre.

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El país lidia también con un colapso de las instituciones de salud que impide darle más trazabilidad al virus e incremetar el testeo, dos insumos que a criterio de los expertos consultados por El Observador son elementales para entender la alta cifra de contagios y para aspirar a mejorar el manejo epidemiológico.

A seis meses de la detección de los primeros casos, este es parte del diagnóstico que un demógrafo y un biólogo matemático hacen a los números de la COVID-19.

El error: perder el rastro

“Si usted me pregunta por qué el país está con 1.000 casos diarios en vez de, digamos, 100, le puedo responder que sobre todo porque perdió el rastreo-testeo de contactos en el mes de junio (empezó la caida desde la segunda mitad de mayo), allí se descalabró todo y perdimos la batalla de la contención entrando a una etapa de mitigación”, indica el demógrafo Luis Rosero.

De cara al escenario actual y los meses venideros, el experto alerta sobre el papel de las mascarillas, que según él se ve tibio -será hasta esta semana que se hagan obligatorias- y explica que estas no pueden sustituirse por las caretas, cada vez menos eficaces.

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Rosero destacó también que el “martillo” fue una estrategia que ya para agosto dejó de tener efectos, tal y como lo mostraron los monitoreos de Google.

“Parece que la población se cansó y se rebeló “, concluyó.

Rosero destacó que entre mayo y junio hubo un alto énfasis de atención en la Zona Norte y los problemas migratorios mientras la pandemia se acrecentaba en el Valle Central, donde el rastro se fue perdiendo y finalmente se llegó a la declaratoria del contagio comunitario (Alonso Solano/El Observador)

Un país que no busca casos

Con esa última lectura coincidió Tomás de Camino, otro de los expertos que le ha seguido el pulso a la pandemia en Costa Rica y que ahora advierte sobre la falta de medidas para regular el distanciamiento entre las personas.

El analista criticó además la aplicación de alertas geográficas pues estas no cubren siempre las prácticas cotidianas de la sociedad que también se enfrenta a problemas como empleo informal, que fuerza a las personas a salir de su casa.

De Camino es especialmente insistente, eso sí con la necesidad de identificar los casos de la enfermedad de manera que se pueda dar el seguimiento integral.

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“La única manera de poder controlar la enfermedad es detectar temprano los casos y para eso se necesitan testeos masivos y Costa Rica es uno de los países con menor cantidad de test per cápita”, explicó.

De acuerdo con su revisión, a nivel internacional se realizan otras pruebas más rápidas e incluso sistemas mixtos para optimizar los tests disponibles, una política en la que Costa Rica se va quedando rezagada.

Entre los datos positivos de la pandemia, Tomás de Camino destaca la baja mortalidad, un fenómeno que según dijo requiere ser estudiado para la toma de decisiones (Archivo/El Observador)

¿Para dónde vamos?

Dos semanas atrás el viceministro de Salud, Pedro González, prometió una actualización de las proyecciones, la cual no ha llegado ni tiene fecha definida según el departamento de prensa de la institución, quien se limitó a indicar que el dato se daría en setiembre.

Viendo el desbordamiento de las últimas cifras previstas, Tomás de Camino indicó que tanto estas como las proyecciones previas nunca hubo una verificación de datos y no es la primera vez que estas fallan.

Además, pese a que él era de uno de los profesionales que generaba pronósticos de manera independiente, detalló que la falta de detalles sobre la información epidemiológica compartida complicó la labor, la cual no realiza desde hace varias semanas.

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Luis Rosero, por su parte, detalló como temas como los supuestos para medir la evolución en el tiempo o sus componentes matemáticos podrían generar algunos problemas al modelo.

“Algunos creen que mientras más complicado, mejor es el modelo.  Esto es un error.  En modelos complejos es dificil descifrar lo que está ocurriendo.  Es preferible usar modelos simples, con pocos y claros supuestos”, detalló.

Como ejemplo de estos citó al Centro Centroamericano de Población, un ente de la UCR que ha venido midiendo la tasa de contagio (R0) y que para el panorama actual plantea una situación más agravada, que podría llegar a los 2.100 contagios diarios para fin de mes.

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De acuerdo con la última publicación del ente el R0 está estancando en 1,15, cuando lo óptimo sería llevarlo a menos de 1.

Con este panorama, los casos nuevos siguen el alza y una de sus repercusiones más drásticas se da en los centros de salud. Al ritmo de crecimiento actual el ente académico calcula la potencial hospitalización simultánea de 1.100 pacientes, 360 de ellos en Cuidados Intensivos, una disponibilidad de la que carece el país.

Bajo las líneas actuales, además, se estaría cerrando setiembre con un aproximado de 950 muertos acumulados.

Ante el crecimiento sostenido de casos, el CEACO fue transformado ahora en una unidad de cuidados intensivos para atender a más pacientes (Presidencia)


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Estudiar Derecho me enseñó que lo que realmente cambia las cosas es el periodismo bien hecho.
Si la política o las leyes parecen aburridas es porque nunca nos las han contado de la forma correcta.