¡Democraticemos el vino!

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Max Soto para El Observador

A menudo nos topamos con clientes que no saben qué pedir o sienten temor por escoger el vino para llevar a una fiesta o su casa. Saben que hay una cultura abundante alrededor de este tema y temen equivocarse.

La cantidad de opciones en los anaqueles facilitan el trabajo pero al mismo tiempo intimida por ser un mundo desconocido. Mientras más opciones hayan y no sean “familiares” se vuelve un acto de tortura y casi un “do pin gué”.

Somos seres perfeccionistas que buscamos obtener el mejor vino por el precio más bajo y esta característica es la que nos impide ser aventurados en nuestras compras, sobretodo con el vino que es una bebida costosa y se extingue apenas se destapa el corcho.

Recordemos que el vino es algo con motivo de felicidad que encierra celebración, reunión, comida o simplemente un momento para relajarnos con la copa en la mano y disfrutar lo que tenemos.

¿Cómo le perdemos el miedo?

Desarrollemos un paladar y conozcamos sobre el vino.

Esto se logra muy fácil, rápido y lo mejor de todo, ¡es divertido! Las memorias que guardamos a lo largo de la vida influyen en nuestras sensaciones, gustos, paladar y como percibimos el placer.

Lo importante, al desarrollar un paladar, es prestar atención y memorizar aromas, sabores y texturas lo más que se pueda.

El activo más importante de un apasionado de la gastronomía es la memoria, lo cual no tiene por qué ser una tarea aburrida, sino que puede ser un juego.

Una forma sencilla es escoger 2 a 3 botellas de la misma región y/o uva cada vez que hacemos compras. De este modo vamos guardando las características de ellas y aprendemos. La siguiente compramos de otra región u otra uva. En un plazo de 2-3 meses ya tendremos un paladar más instruido que sabe lo que le gusta.

Cuando pasen las restricciones y sea seguro la mezcla de burbujas, se pueden incorporar amigos y cada uno aporta una botella para catar a ciegas. En otras palabras: no sabemos lo que hay en la copa y toda nuestra atención está únicamente en el líquido.

De este modo catamos sin prejuicios de uva, región y sobretodo precio. Nos daremos cuenta que muchas veces no es el más caro el que nos genere el máximo placer y es ahí cuando encontramos joyas.

A explorar y disfrutar… ¡Salud!


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