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Adriana Madrigal para El Observador

Quiero contarles del pésimo Ying Yang de todo negocio. Infravalorar o sobrevalorar un producto o servicio.

Este es un tema extinto en el diccionario de los emprendedores, pero es de vital importancia para continuar en el camino de un negocio rentable, ambos términos son indispensables.

¿Qué es infravalorar?

Es cuando las marcas (en cualquier fase o de cualquier tamaño) quieren tener un flujo de caja más robusto (aunque sea por un tiempo limitado), recurren a la mala práctica de devaluar su precio.

La razón más popular en los mercados es la baja economía, aunque yo jamás recomiendo esta mala práctica, ya que puede dar una impresión de producto de mala calidad, barato o sin respaldo.

Si no vendemos, a menos que bajemos precio, necesitamos formación en ventas. Jamás usar el recurso fácil, pero nocivo para los negocios como lo es, colocar precios disparatadamente bajos y carentes de tasación numérica.

¿Qué es sobrevalorar?

Es tasar (o no) un precio desproporcionado al valor percibido por el cliente, con la única estrategia de cubrir costos que están mal calculados o no están administrados correctamente.

Esto quiere decir en cristiano, marcas con activos innecesarios, gastos desproporcionados, excesiva mano de obra, materia prima a precios poco razonables, esto infla el valor de producto terminado o servicio.

Con este panorama, lo único que se consigue es salirse del radar de su cliente ideal.

Mi recomendación: Monitorear los beneficios y precios por lo menos mensualmente. Analice el costo y las ganancias de cada producto de forma que sepa cómo contribuye cada uno a su rentabilidad general mes a mes. Esto puede darle una imagen clara del flujo de su dinero.

Recuerde siempre: un producto poco atractivo por su valor versus su precio, es una marca lista para morir en el tiempo.


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