VIH/SIDA
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Dra. Margarita Murillo Gamboa para El Observador

Este es uno de los temas mas polémicos al hablar de educación y sexualidad. Tenemos grupos, la mayoría por cierto, que piensan y hablan del “desenfreno” de las jóvenes en relación con su deseo. Incluso se condena y se piensa que se “merecen” ese embarazo por el “desenfreno” que están viviendo.

Tendremos que hacer una pequeña revisión teórica, para que se pueda comprender y abordar de una mejor manera esta situación.

Inicialmente es necesario que entendamos que el impulso sexual juega un papel crucial en la vida humana. Está en la parte más primitiva del cerebro y de este impulso, así como de las emociones, dependen nuestros vínculos. Es decir, el impulso sexual busca que las personas se relacionen y establezcan relaciones afectivas.

El dato más importante de resaltar es que serán las emociones – y toda experiencia emocional – quiénes hagan que este impulso salga. Así como lo oyen, las emociones activan el deseo de estar con alguien. ¿Cuál sería entonces el riesgo?

Pues, la forma en que manejemos este impulso; las decisiones que tomemos con relación al deseo de estar con alguien; las condiciones que voy a permitir o no. Es decir, el impacto de nuestra conducta estaría en las decisiones que llegue a tomar.

El impulso siempre busca el vínculo, pero será nuestra madurez emocional la que determinará qué no tengamos o tengamos conductas sexuales de riesgo. Poder manejar adecuadamente nuestros deseos debe ser parte esencial a educar, en las familias, en los centros educativos, en las comunidades.

En educación de la sexualidad no hablamos de emociones, hablamos de hormonas y hacemos descripciones físicas, como si solo fuéramos un cuerpo. Muy poco, pero realmente poquísimo, hablamos de nuestras necesidades emocionales, que serán las que en primera instancia determinen si vamos a tomar decisiones o no de riesgo.

Entonces ¿qué explica estas conductas de riesgo? La presencia de vínculos muy débiles en nuestras familias, pocos límites, una sociedad muy inmadura y permisiva.

¿Qué creen? Dejemos de echar la culpa a los y las adolescentes y comencemos como sociedad a asumir nuestra responsabilidad. Ellos y ellas son la expresión de la forma en que las personas adultas estamos viviendo nuestros deseos.

No solo ellos/ellas están en riesgo, lo que sucede es que están más inmaduros emocionalmente. Nos corresponde cuidar, no señalar.


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