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Juan Carlos Olivas: en las venas y los escondites de la poesía

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Mariana Sáenz Mora para El Observador

Turrialba vio nacer a Juan Carlos Olivas en 1986. Y él descubrió el mundo de la poesía, literalmente, por un golpe en la cabeza en una tarde relajada junto a su madre.

Desde aquel momento no ha dejado papel en blanco. Su juventud ha causado admiración en un trayecto poco usual donde el dominio de la palabra escrita lleva a quien le lea en un sueño lúcido de muchas otras vidas.

Su agilidad literaria le ha llevado a publicar poemarios como “Bitácora de los hechos consumados” (2011) -por el cual obtuvo el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría de poesía 2011. También “Mientras arden las cumbres” (2012) -libro que le valió al autor el Premio de Poesía UNA-Palabra 2011-; “El señor Pound” (2015) -que le hizo acreedor del Premio Internacional de Poesía Rubén Darío 2013- y “El manuscrito” (2016), libro ganador del Premio Eunice Odio 2016.

Su obra es extensa y se suman a ella otros libros como “La sed que nos llama” (2009), “Los seres desterrados” (2014) o bien, “Autorretrato de un hombre invisible (Antología personal, 2015.

Un vistazo a sus primeros pasos, a su mundo y a su visión. De eso se trata esta entrevista con El Observador.

-¿Cómo va descubriendo esa necesidad de escribir poesía?
Marco Aguilar uno de los mejores amigos de Jorge Debravo, fue una figura muy presente a lo largo de mi infancia. Era uno de los fundadores del Círculo de Poetas Costarricenses, de los años 60 y su esposa era muy amiga de mi mamá.

Llegaba mucho a la casa y, prácticamente, ellos me vieron desde pequeño y yo les preguntaba: “¿Qué hace don Marco?”; me decían que era poeta y yo pensaba que esa era una cosa tan rara. Así que, para mí era como natural de cierta forma que empezó a salir.

-¿Natural o algo accidental? ¿Fue un evento gracioso que marcó un antes y un después en su interés por escribir?
Exactamente. Una vez mi mamá estaba estudiando para algo de la universidad y al mismo tiempo estaba cocinando y yo estaba, un niño de unos ocho años o más, molestando con esas inquietudes normales.

Nuestra relación siempre fue un lazo fuerte. A manera de broma ella me lanza un libro, fue muy cómico porque el libro se cayó luego de pasar por mi cabeza.

Tomé el libro, le pregunte de qué era y ella me respondió que lo leyera. Lo hice y terminaba una hoja tras otra muy rápido, porque las letras no estaban dispuestas hasta el final como venían muchos libros de texto que yo me leía en la escuela y que quizás no me emocionaba leer.

Fue trascendente, un flechazo, porque me di cuenta que había algo más allá en ese lenguaje.

-Pasar de lector a escritor puede ser un salto al vacío…
Se dio en cierto orden. Evitaba mucha carga académica para poder leer. Algunos profesores del colegio nocturno lo descubrieron y hasta me regalaban libros.

Algunos compañeros con los que solía escaparme hacían rap. Ahí están mis primeros pasos. Yo recuerdo ayudarles a arreglar las rimas y el significado de las letras. Si lo miro ahora inició de la manera más absurda posible.

-Es indudable que conforme afloran las experiencias de vida, la poesía empieza a evolucionar también.
Claro, ya después como en cuarto o quinto año del colegio ya era como una cuestión más seria con la escritura. Tenía unas compañeras que me gustaban mucho y les escribí poemas y todo. Conservo aún el primer poema que escribí.

Escribirle a otra persona es casi como aplicar a un trabajo, te aprueban o rechazan. En aquel momento mi intento fue fallido.

Juan Carlos Olivas en Salamanca, España, donde recibió el V Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador.

-¿La amargura también alimenta el sabor de escribir?
Sabés, ahora por ejemplo en el libro que estoy haciendo, tengo un poema que habla sobre eso. Se llama “Avistamiento en el mercado”, es una historia muy jocosa sobre ese primer amor fallido que tuve con un poema y yo no sé si aún lo conserva.

Es que si se analiza, para mantener el balance en la poesía hay que escribir de todo, hasta de las cosas, no solo los sentimientos.

-La poesía está cargada de sentimientos y técnica, una danza desafiante, ¿Cierto?
Se puede leer un libro y no sentir nada, caer en una escritura académica por completo. Entonces hay que estar en contacto con la realidad, lo que se desea es transmitir algo que te apasiona.

He leído excelentes poetas del nivel técnico que no me dejan absolutamente nada en el alma y eso es una lástima, a como hay poetas que logran ambos balances. Debe existir convivencia armoniosa entre la técnica y la pasión.

-Los poemas de Juan Carlos Olivas son un encuentro muy armonioso entre los ríos emocionales, pero también hay una conexión con los llanos de la razón. ¿Es un efecto controlado o espontáneo?
Sí hay una relación como de simbiosis entre la razón y la intuición, es cierto. O sea, el arte es el resultado de la razón que produce belleza.

Al fin y al cabo creo que la razón me dice qué escribir, pero la intuición me dice cómo escribirlo. Juega también la semántica, el universo del significado de una palabra. Por ejemplo, el olvido también puede ser una rosa, un desierto, el mar o puede ser cuarto vacío. Es el valor interpretativo de la gran cantidad de significados.

-Entonces, ¿Su poesía desarrolla temas que nos atañen a todos?
Está presente el amor, el tiempo y la muerte. Vos me hablás de mis temas, pero en realidad lo que hay detrás de mis poemas son arquetipos. Entonces son símbolos, yo no te puedo decir que es un tema, son muchos símbolos lo que podrían representar muchísimas cosas.

-El reconocimiento es importante. Hábleme del V Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador, el que recientemente recibió.
Fue muy impactante al principio. Era una escogencia entre 810 libros hispanoamericanos y de países como España, Alemania, Francia y otros.

Yo participé con el libro “El año de la necesidad”, hay una observación de lo que hemos conversado a lo largo de todos los poemas. Finalmente, me invitan a presentar el libro y recibir el premio en Salamanca entonces estuve en el encuentro de poetas Iberoamericanos en octubre pasado. Actualmente, eso tuvo incidencia para que existan tres ediciones, una de ellas para Nueva York.

-Y ahora ¿Qué sigue?
Trabajo en una producción constante, una que abre las puertas a auto descubrirme desde cualquier flanco, y ya luego sabré que resultado tendrá.  Es que si uno se decide a un proceso así no deja de asombrarse de las novedades y los secretos que se develan poco a poco.


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