Yaxun Viquez emociones
Escuchar este artículo
Tiempo de Lectura: 2 minutos

Yaxún Víquez para El Observador

Hoy les quiero compartir una historia real: Hace un par de días recibí en consulta a un niño de cuatro años. Quiero relatar la experiencia de un momento de esta sesión porque sé, que cómo a mí, podría impactar de manera positiva su día.

El proceso psicólogo implica aprendizaje para todos los que participamos.

Al niño de la historia le vamos a llamar Luis y basta escucharlo 5 minutos para que todo se “mueva” y para que acciones como escuchar y estar presentes (que a veces olvidamos) sean vistas como prioritarias.

Luis tiene cuatro años y, a su corta edad, es un maestro de vida (como decidí llamarlo.)

Les cuento… yo empiezo la sesión comentándole quién soy y que este espacio que sus padres seleccionaron para él es para que él pueda, en libertad, contarme lo que él necesite y las historias que quiera.

Luis abre sus grandes ojos negros, no me quita la mirada en ningún momento y con expresión de sorprendido empieza: bueno, yo me llamo Luis, y tengo muchas historias que contarle.

Ambos sonreímos y continúa: tengo cuatro años y tengo un catéter por eso debo tener cuidado. No me puedo golpear fuerte, porque puede ser peligroso. El catéter me lo pusieron porque yo tengo algo que se llama cáncer, es una enfermedad; “como un bichito”, me explica, que quiere hacerme daño. Pero yo soy como un súper héroe, dice mi mamá, que estoy peleando contra ese bicho.

Durante todo el relato que hace, siempre sonríe e incorpora gestos para hacerme reír o que yo me sienta sorprendida frente a lo poderoso de sus historias.

Así transcurre la sesión y en determinado momento, le digo que tengo un juego que se llama el juego de emociones. Que si quiere jugar conmigo, a lo que de inmediato responde que sí, que a él jugar le gusta mucho.

Le doy a Luis unas tarjetas llenas de emociones y estados; jugamos a elegir sus emociones o estados favoritos. inicia revisando todas las tarjetas y aparta aquellas que no le gustan (descontrolado, celoso, envidioso, entre otras) “porque lo amargan”, ante lo cual, yo le pregunto que a qué se refiere con “amargan”.

Me dice que “amargar” es estar “achicopalado”. Me queda clara la explicación, y él continúa diciendo: “por eso mejor sólo me gustan estas emociones”. Y selecciona: enamorado, seguro, feliz, sorprendido y optimista.

A esto me dice: optimista es mi favorita y agrega … “ah y hacer travesuras” en todo momento sonriendo.

Siempre sonriendo con energía y fuerza, con certeza de que todo está bien y estará mejor.

¿Por qué le cuento el extracto de esta sesión?

Porque quiero hacerle una invitación: ¿qué pasaría si aprendemos a responder en la vida más como Luis?

¡Sí!, existe la adversidad, hay dolor, pero dentro de todo, Luis nos cuenta que mucho del cómo salir de las situaciones depende de la actitud.


Traducir artículo