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Tannia Moya

Sí, deschingar es un costarriqueñismo que aparece en la RAE y que significa “quitarse la ropa” o “desnudar” y eso mismo fue lo que hizo esta pandemia en Costa Rica; nos desnudó y quedamos en evidencia, frente a los amigos, conocidos y familiares o bien en redes sociales y en algunos casos nos cambió radicalmente la imagen que teníamos de ellos.

A principios del año pasado, veíamos con indiferencia o curiosidad noticias acerca de un virus en China. Luego, eran frecuentes las transmisiones desde Italia y España que nos hablaban de hospitales sin capacidad de atención y personas muriendo, a partir de ahí inició todo, ticos que pensaban “este tema no tiene nada que ver con nosotros” o bien los que ya de manera temprana se armaban de alcohol, mascarillas y mucho papel higiénico.

¡Sí, la pandemia nos deschingó y nos enfrentó en muchos aspectos, dejando en evidencia aspectos buenos y malos de todos nosotros. Es común escuchar familiares, amigos, colegas o personas debatiendo sobre gran cantidad de temas, sin llegar a un acuerdo, aquí menciono algunos:

¿Creer o no creer? Cada uno de nosotros conoce, ha escuchado o tiene conocidos que aún dicen “pero si este virus no era para tanto”, “el confinamiento no era necesario” e incluso “pero si no ha fallecido tanta gente” o bien “vean las estadísticas, es peor una gripe”. ¿Priorizar la economía o la salud? un dilema en discusión. Y, ¿qué me dicen de los amigos de las teorías de la conspiración? Aquellos que consideran que esto fue totalmente planeado por China para conquistar el mundo o por Bill Gates para meternos un chip en el brazo; entre otras muchas que podemos encontrarnos.

¿Capacidad de resiliencia? Ante nuestros ojos vimos 2 caras de una misma moneda: el cierre de muchas empresas, despidos, personal en suspensión, recortes de jornadas y por lo tanto un alto grado de angustia. Pero también fuimos testigos del surgimiento de nuevas formas de trabajo, muestras de solidaridad y medidas de protección para los colaboradores; digitalización acelerada, servicios creativos e innovadoras que sacaron negocios adelante. Familias enteras que lanzaron a vender comida casera, ofrecer ropa, hacer mascarillas, iniciar huertas en casa, vender cursos en línea; entre otros muchos emprendimientos.

Desigualdad: La pandemia dejó al descubierto muchos temas; por ejemplo, la gran cantidad de personas que trabajan en la informalidad; la vulnerabilidad de las empresas; los estudiantes que no tienen acceso a Internet, la xenofobia para evitar el ingreso de nicaragüenses en el país; o bien la gran cantidad de gente que vive en hacinamientos o en cuarterías en el centro de nuestra capital. ¿Y qué me dicen de las eternas discusiones que presenciamos en redes sociales, sobre cómo han vivido esta pandemia los empleados públicos versus los privados?

¿Vacunarse o no vacunarse? Y al fin, después de meses de espera: ¡la famosa vacuna llegó! Aunque es una decisión totalmente individual, la discusión ahora se polariza nuevamente, ¿me la pongo o no? ¿pueden obligarme? La negativa de algunos, personas educadas o no, se justifica en el hecho de producirse en un tiempo récord y por lo tanto el desconocimiento de las reacciones que podría provocar. Para otros representa un hito en la historia, un avance de la ciencia y una luz de esperanza para llegar al final del túnel y el fin de un capítulo oscuro de la historia mundial.

Finalizo con otro aspecto que quedó a la vista y me llena de orgullo: la entrega de los trabajadores de la salud y de muchas otras áreas; héroes anónimos que han estado ahí, enfrentando en primera línea esta pandemia y por supuesto la fortaleza de nuestro sistema de seguridad social.

Algunos afirman que “las fortalezas están en nuestras diferencias y no en nuestras similitudes” ¿qué opinan?


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