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Dar valor agregado a los productos tradicionales, generar talento especializado para atraer más inversión y hasta la posibilidad de discutir qué incentivos fiscales pueden extenderse a otras industrias son tres de los temas que figuran en la agenda de Andrés Valenciano, ministro de Comercio Exterior desde hace apenas una semana.

Tras 108 días vacante, el cargo de ministro se le asignó a quien hasta un día antes estuvo a la cabeza del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA).

En entrevista con El Observador, compartió su visión sobre los retos que enfrenta el comercio exterior nacional, los conflictos con grandes socios y el futuro de la oferta exportable costarricense.

Ingeniero industrial, con una especialización en comercio internacional, el nuevo jerarca está convencido de que la innovación tecnológica y la mano de obra especializada deben ser la punta de lanza del intercambio con el mundo.

“Tenemos que generar talento con las competencias más exigentes”, dijo.

A continuación un extracto de la entrevista que concedió a este medio:

Al asumir el Ministerio, ¿Cuál es el principal reto que tiene Costa Rica en materia de Comercio Exterior y cuál será la tarea más importante como ministro?

Hay un reto que también es oportunidad. En medio de esta coyuntura que está viviendo el mundo y que también está atravesando Costa Rica -la pandemia-, los países están compitiendo por no solo atraer mayor inversión extranjera directa, sino consolidar sus exportaciones.

Esa es una tarea que hay que mantener con mucha fuerza, porque lo que se ha demostrado durante estos meses de pandemia es que nuestro modelo de desarrollo es muy resiliente.  Es decir, al revisar las cifras de exportación, tanto de bienes como de servicios y de generación de empleo, uno puede ver que este modelo de desarrollo realmente ayuda a generar progreso. Entonces, podemos seguir impulsando eso.

En medio de esta coyuntura, Costa Rica tiene otra ventaja comparativa con la región y es que, a la hora de replantearse toda esta discusión sobre cadenas de valor y cadenas de abastecimiento de las empresas, se habla mucho de cómo reconstruir esto de manera verde o sostenible e inclusiva.

Esas son áreas en las que Costa Rica ya tiene una ventaja comparativa con respecto a otros países y a lo que tenemos que sacar más provecho. Ahí entra a jugar la hoja de ruta de la implementación de la OCDE… cómo seguir avanzando en nuestra mejora institucional, que permita la elaboración de cualquier propuesta de política pública.

Si uno ve los datos del IMAE, el motor o empuje de la actividad económica durante la pandemia ha estado en las zonas francas.  Es el sector que despegó más rápido; sin embargo, los regímenes especiales apenas representan un pequeño porcentaje de las empresas… cerca del 10%. ¿Hay que ir pensando en migrar más empresas hacia esos regímenes o hay que aprovechar algunas ventajas de estos regímenes y extenderlas a otras industrias?

Me parece que esa es la discusión correcta que debemos tener como país. Es decir, tenemos un modelo que ha sido sumamente exitoso, por lo que usted describe, pero que tenemos que hacer la pregunta ¿Cómo hacemos para que esto también nos permita llevar más inversión, ya sea a otros territorios del país o a otros sectores?

Eso pasa por una conversación y entender muy bien cuáles son los factores de productividad que tenemos en diferentes partes del territorio y ver cuáles políticas de desarrollo productivo pueden ayudar a orquestarlos. (Se trata de) determinar si es un tema de financiamiento, de generar capacidad en las pymes, o de invertir más en talento humano y tener una discusión sobre cuáles son los incentivos fiscales correctos.

Esa discusión hay que tenerla en el contexto que estamos viviendo. Costa Rica atraviesa una situación fiscal compleja, pero eso no evita que haya discusión seria y con la misma rigurosidad de las ventajas que han tenido los “derrames” de la inversión extranjera, que eso está muy bien estudiado y documentado.

Podría ser una discusión muy interesante que tenemos que seguir desde Comex, para generar las condiciones adecuadas para poder generar empleo de calidad. Utilizar la política de comercio exterior para generar empleo en todo el país.

Hablando de exportaciones de bienes, hay dos productos agrícolas que son estrella: banano y piña. En algún momento también lo fueron los microchips y recientemente se están posicionando muy bien los dispositivos médicos. Pensando a futuro, ¿qué otros bienes costarricenses se perfilan para ser competitivos?

A esos dos bienes agrícolas (banano y piña) es importantísimo seguir agregándoles valor. En ambos casos se están cosechando productos orgánicos, o por ejemplo, la piña rosada, que es una variedad muy particular que se hace aquí en Costa Rica. Eso genera muchísimo más potencial, para competir a nivel global, porque nosotros somos –como lo dice Pedro Beirute, gerente de Procomer- un país “boutique” en escala y lo que tenemos que hacer es ser muchísimo más productivos y agregar valor.

Entonces, si bien tenemos productos tradicionales del agro, a esos hay que generarles valor desde un proceso agroindustrial más sofisticado, como puede ser las pulpas congeladas o seguir adelante con la estrategia “Descubre”, que consiste en encontrar productos que tienen potencial de exportación, como el camote dorado, una variedad de pimienta, el cacao o la acuicultura.

Es seguir apostando a nuevos descubrimientos que nos permita seguir posicionándonos como un país boutique con productos de alto valor agregado y llevar innovación a la agricultura.

En el caso de los servicios, Costa Rica ha tenido un fuerte atractivo para los centros de servicios compartidos y centros de servicios financieros, que pagan salarios competitivos y emplean a muchos jóvenes. Hay una impresión de que estas empresas son las que pueden irse más fácil, porque sus activos son solo computadoras y un día pueden apagar los servidores en Costa Rica y encenderlos en otro país. ¿Qué estrategia seguir para que un centro de servicios tenga más difícil la decisión de abandonar el país?

Todavía muchas personas tienen la idea de que el tipo de trabajos en servicios son básicamente call centers (centros de llamadas), de poco valor agregado. Eso se ha ido transformando.

Ahora la sofisticación de esos servicios lleva a un fenómeno muy interesante a nivel global, que es que la manufactura misma ha ido incorporando temas de servicios dentro de sus cadenas de producción. Y eso lleva a que empresas en Costa Rica -que no solo dan soporte técnico, sino desarrollo de software- provean servicios muy intensivos en conocimiento.

Eso nos presenta un reto u oportunidad. Y eso significa que tenemos que estar constantemente generando talento con las competencias más exigentes para estos sectores, porque este talento especializado es cada vez más difícil encontrarlo a nivel global.

Si nosotros logramos posicionarnos como el lugar donde está ese talento, las empresas van a seguir viniendo. Eso es lo que nos han dicho y lo que dicen todos los estudios. Hay que seguir apostando a la educación, como ha sido nuestro modelo.

En materia de conflictos, muy pocas veces se ha tenido a tantos socios comerciales exigiendo alguna medida de parte de Costa Rica. En este momento hay por lo menos cuatro casos abiertos: México, con el tema de la prohibición para importar su aguacate; Canadá y Brasil, con quejas por la salvaguarda al azúcar y lo que Costa Rica está reclamando a Panamá, por una medida unidireccional. ¿Qué opina usted sobre estos cuatro casos?

Es importante aclarar que son muy distintos los procesos en que están el aguacate y los otros casos.

En el caso de Canadá y Brasil, este es un proceso normal y legal dentro de una plataforma como la OMC y las relaciones bilaterales que puede haber entre los países, en las que levantaron la mano y dijeron “nos gustaría medidas de compensación ante la salvaguarda que ha establecido Costa Rica”. Esto todavía se encuentra en una etapa de diálogo, para buscar esas medidas de compensación y ahí Comex tiene un rol que jugar, junto al MEIC y al MAG para llevar la discusión a buen puerto.

No es la misma situación que tenemos con el aguacate, que es un proceso ya muy avanzado (dentro del mecanismo de solución de controversias de la OMC).

En el caso de Panamá, estamos coordinando, porque es importante para el país que recuperen el permiso las plantas de producción lechera y cárnica para poder seguir exportando a ese país, que es un gran socio nuestro.

Cada ejemplo está en un momento distinto, yo me siento muy bien acompañado de un equipo técnico muy capacitado.

Cuando uno piensa en Panamá, lo ve como un país de -más o menos- el mismo tamaño y población, con el que se comparte frontera. Se puede prever un “estira y encoge comercial” porque son dos mercados muy parecidos. Pero si uno piensa en Costa Rica como un mercado de 5 o 6 millones de personas, es muy pequeño al compararse con Canadá, México o Brasil, de decenas y centenas de millones de habitantes. ¿Qué interés pueden tener estos países para pedir medidas compensatorias o iniciar un proceso en la OMC para un mercado tan pequeño como el costarricense?

Los países alrededor del mundo tienen, todos, mucha presión en la competencia. Es feroz, como dice Jorge Sequeira (director de Cinde), para posicionar cada país, la inversión y llegar a nuevos mercados.

Es un ambiente muy competitivo en el que ningún país va a dejar ir un potencial mercado bajo ninguna circunstancia. En realidad, hay mucho interés, más allá de lo comercial, de mantener buenas relaciones bilaterales o multilaterales.

Además, porque los países sientan un precedente. Es decir, el mundo entero está poniendo atención a lo que sucede en este tipo de discusiones para ver la posición que toman los países frente a este tipo de retos.

Esto no es un juego de una sola iteración, son múltiples iteraciones en el tiempo y eso quiere decir que esta no es la última vez que nos vamos a sentar a discutir.

De la agenda que usted trabajó en el INA, ¿A cuál proyecto le dará continuidad o fortalecerá dentro de Comex?

Es una larga lista. Por ejemplo, para el programa “Descubre”, nosotros en el INA ayudamos a organizar el evento de agrotransformación, para posicionar estos temas.

Con Procomer está el programa Alivio, que en el marco de la pandemia brinda fondos no reembolsables y acompañamiento empresarial a pymes para estabilizarse y responder a la nueva realidad; y el programa Aceleración, para ayudar a empresas a penetrar en nuevos mercados.

También el programa SeedStars para buscar nueva oferta exportadora. Y por supuesto el talento humano, que es realmente el crítico para atraer más empresas que generen empleo y necesitamos tener a la gente más capacitada para hacerlo.

Todas agendas, más la implementación de la OCDE, que seguiremos impulsando desde este lado.

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