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Licda. Katherine Arce para El Observador

“No me pega”… pero controla las personas con las que usted se relaciona, la forma en que se viste, a qué hora sale y vuelve de casa. Le ha dicho que su familia y amistades solo quieren separarles, que no deben permitir que nadie más se meta en la relación.

No me empuja”… pero le hace sentir que exagera cuando expresa alguna incomodidad, malestar o diferencia de opinión. Dice que está haciendo un drama o una tormenta en un vaso de agua y que no es para tanto.

“No me agrede”… pero le dice que es su culpa cuando busca a otras parejas sexuales porque usted no quiere satisfacerle sus deseos. Le da a entender que tener un encuentro sexual es casi una obligación de su parte, y que usted y su cuerpo deben estar a su disposición cuando quiera.  

“No me violenta”… pero le da el dinero a cuenta gotas, exige una explicación por cada colón que invierte en usted o en necesidades del hogar, aún cuando ese ingreso usted se lo ganó con arduo trabajo. Y, cuando usted propone trabajar para tener su independencia económica, de alguna manera obstaculiza que lo haga, o le hace dudar de sus capacidades para hacerlo.

“No me golpea”… pero le ha contagiado con ETS (enfermedades de transmisión sexual) en varias ocasiones, como producto de las infidelidades en las que ha incurrido. Cada vez que una traición es descubierta dice que no entiende qué le pasó, que solo era algo pasajero y que a quien realmente ama es a usted.

“No me ha dejado moretes”… pero le hace sentir que usted provoca sus cambios de ánimo. Es por su culpa que se enoja, que se frustra, que ‘le salen mal las cosas’. Le dice que es usted la persona que tiene que cambiar para que la relación mejore.  

“No me ha dejado cicatrices”… pero ha destruido objetos en su presencia, tira las puertas, quiebra platos y vasos, ha arruinado el celular, le ha quemado su ropa, ha dejado los puños marcados en la pared y luego dice que ‘no entiende por qué reaccionó así, que se salió de sus casillas y no se dio cuenta de lo que hacía’.   

“No me ha abofeteado”… pero cada mes es un conflicto para que asuma el pago de la pensión alimenticia y con ello las necesidades de los hijos e hijas que engendraron juntos.

“No me ha levantado la mano”… pero le ha hecho comentarios burlistas, sarcásticos o hirientes sobre su cuerpo y su apariencia, en la intimidad o frente a otras personas.

Salir del círculo de la violencia

Salir de una relación violenta definitivamente no es fácil. La advertencia que hemos recibido desde la infancia ante las agresiones por parte de una pareja es “nunca permita que le peguen”. Sin embargo nunca nos alertan sobre otras tantas formas de violencia que existen y que, usualmente son las que se presentan mucho antes de que lleguen los golpes.

La violencia emocional, sexual, patrimonial y económica son igual de dañinas que la agresión física. Para cuando llega el golpe, esa persona violenta se ha encargado de destruir la autovaloración, el amor propio, la estabilidad emocional, las redes de apoyo, la independencia y todos los recursos emocionales, personales y sociales de su pareja. Sabe que, para cuando la golpee, la víctima estará tan debilitada que le será sumamente difícil salir de ese círculo de violencia.

Por eso debemos dejar de romantizar conductas que esconden una dinámica de poder y dominación, dejar de asumir conductas: creer que la pareja se comporta de esa manera porque así “debería” de ser. Debemos aprender a llamar las cosas como son: violencia machista.

Reconocerlo es un paso fundamental y, de la mano de ello, hablarlo. Romper el silencio ya es en sí el primer paso para la sanación

Licda. Katherine Arce Robles
Psicóloga especialista en temas de género


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