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Yaxún Víquez para El Observador

Tome una fotografía suya, una donde se esté riendo. Obsérvela y luego lea lo siguiente:

¡Fuerza de mujer!

Conecto con esa sonrisa, que me recuerda que no siempre me siento con la valentía de sacarla al mundo … ¡y se vale!

Conecto con mi sinceridad, que a veces puede molestar a otros, pero me permite ser leal conmigo…. ¡y se vale!

Conecto con el agradecimiento, por cada una de las situaciones de vida, plenas o no en el momento, me han convertido en la mujer que soy…. ¡y se vale!

Conecto con mis anhelos de mujer, que muchas veces se topan de frente con la frustración y se quieren paralizar frente al miedo… ¡y se vale!

Conecto con mi vulnerabilidad y me permito guardar a la psicóloga para cuando tiene que trabajar…. ¡y se vale!

Conecto con la necesidad de un abrazo y recuerdo a cada persona que está ahí, que sin ser familia me aman de la manera que me aman y que yo amo de la manera que amo.

¡Todo eso en una imagen…todo eso en mi corazón, al final… ¡Todo eso es mi fuerza de mujer!

Hoy piense en usted, en cuál sería la mejor versión y empiece a trabajar en construirla.

Soy una mujer imperfecta que a punta de decisiones cada día tomo más y más el control de mi vida.

¡Deje de estar tratando de que las personas que no la quieren sean las que lo aprueben!

Todas las mujeres somos artesanas de nuestra vida.

Todas podemos encontrar sentido cuando dejamos de buscar que otros nos amen y comenzamos a amarnos a nosotras mismas.


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