El acoso sexual, del discurso a los hechos

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Cansada de esperar por una señal de apoyo. Harta de que se hiciera caso omiso a sus denuncias, este sábado, Daniela Jiménez, una economista de 30 años, militante del Partido Acción Ciudadana, levantó su voz.

Cuando decidió hacer pública la situación que venía atravesando desde hace meses, cuando los medios de comunicación hicimos eco de la denuncia, entonces sí llegó la reacción de las autoridades partidarias. 

Ahí si apareció todo el mundo exigiendo salidas.

¡Enhorabuena que haya una reacción! Y una acción, eso siempre se debe reconocer, pero es inevitable que deje un sabor amargo, el qué es necesario armar un “escándalo público”, que amenace la reputación de la organización política o implique el riesgo de que tenga alguna incidencia negativa en los resultados de las elecciones municipales del próximo 2 de febrero, para actuar.

El acoso sexual es un flagelo. Es una situación compleja y delicada que amerita la atención inmediata y un buen abordaje. 

Lo amerita el hecho, más allá del contexto.

Una denuncia de acosos sexual, en la casa, en el colegio, en el parque, en el partido, en el trabajo, debe tomarse con toda seriedad y abordarse con prontitud.

Porque tan grave es una denuncia vacía, infundada y mal intencionada como la que tiene base en hechos reales. 

Está siempre de por medio la integridad, la honorabilidad de seres humanos que hoy pueden ser perfectos y lejanos desconocidos, pero mañana podemos ser cualquiera de nosotros, nuestros hijos, amigos y seres más queridos.

En este caso del PAC es reprochable que Daniela Jiménez haya hecho una denuncia formal en su partido, desde octubre anterior y que decidieran “manejarlo internamente”. ¿Alguien me puede explicar eso qué significa?

Mientras el comité de ética investigaba, «a ambos se les solicitó no participar de los comandos ampliados o reuniones generales». Esa fue la determinación que se le comunicó a Daniela, tras presentar verbalmente y por escrito su situación.

Entonces por mi mente rondan algunas ideas. ¿Será acaso que es más grande la sospecha, la duda, de que se trate de una denuncia falsa para dañar al candidato o a la agrupación y por eso, en un momento electoral, lo prudente es manejarlo internamente?

¿O será quizás, que a las mujeres se les pasa la mano, ahora con esos movimientos de #Metoo y demás y se ponen demasiado sensibles? Delicadas, debe ser la palabra correcta. Finalmente, ¿Qué tiene de malo un susurrito con saliva al oído?, ¿una manita que baje de la cintura a la cadera? ¿o que apriete un poquito más las carnes? 

TODO lo tiene de malo, de inapropiado, de inaceptable, de censurable cuando, no hay consentimiento.

Este caso, pone en evidencia las carencias que, como sociedad, tenemos para afrontar el acoso sexual de la mejor manera, protegiendo a las víctimas.


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