El hombre que no le tuvo miedo a las transformaciones

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Por Ricardo Salas

El que para Constantino Láscaris, en 1975, era “el más sistemático y doctrinalmente polémico de los liberales jóvenes costarricenses”, “neoliberal”, para muchos y  partidario de las privatizaciones y la apertura de monopolios estatales, propulsó desde su campaña para las elecciones presidenciales de 1998, abrir el mercado de los seguros, del sector eléctrico, y de las telecomunicaciones.

Grandes transformaciones que el país necesitaba para seguir adelante en el camino del desarrollo y a las que él no tuvo miedo de impulsar.

Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, un hombre que sin duda ha marcado la historia de los últimos 60 años de Costa Rica. Un político al que, a la larga, el país le da siempre la razón y de quien Costa Rica asume finalmente sus propuestas; un ser humano excepcional al que, estoy seguro, la historia le dará el lugar que merece.

Yo lo conocí hace 25 años y desde hace 19 no solo trabajé para él, sino que tengo la dicha de ser su amigo, de tenerlo como consejero y considerarlo un padre adoptivo. 

Nacido en una familia fervientemente católica de clase media, el hijo menor de doña Blanca y de don Manuel nació un día como hoy hace 80 años.

Está casado desde 1962 con Lorena Clare Facio y ha tenido tres hijos, el mayor de los cuales, Miguel Alberto, falleció en accidente en 1977. Andrés y Ana Elena le han dado por su parte varios nietos, con quienes ahora disfruta una nueva etapa de abuelo cariñoso y amoroso.

Recibió la educación primaria en la escuela Buenaventura Corrales en San José y la secundaria en el Colegio La Salle. Luego de obtener en 1962 licenciaturas simultáneas en las carreras de Economía y en Derecho, por la Universidad de Costa Rica, empezó a dar clases como profesor asociado en la escuela de Economía y a realizar trabajos para el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (IICE). 

Así, costeándosela en parte con una beca y en parte con los ingresos que le generaba su labor de asistente en el IICE, amplió su formación en la Universidad de California en Berkeley, hasta doctorarse en Ciencias Económicas en 1966 con una tesis sobre la relación de la demanda del dinero y la definición de políticas económicas.

En 1966, al tiempo que reemprendía su profesión docente, y con sólo 26 años, entró en la Administración del presidente José Joaquín Trejos Fernández en calidad de director de la Oficina de Planificación Nacional, un puesto que tenía rango ministerial, y como consejero presidencial sobre política económica. El presidente Trejos le envió a la cabeza de varias delegaciones del país en diversas conferencias intergubernamentales del hemisferio, estas labores, según nos contó hace algunos días podrían ser las más gratificantes de su labor en el sector publico, incluso más que haber obtenido años después la Presidencia de la República.

De 1968 a 1969 se desempeñó como ministro de Planificación Nacional y Política Económica, y hasta el final del mandato de Trejos, en mayo de 1970, sirvió de director del Banco Central de Costa Rica, todos ellos unos nombramientos realmente sobresalientes para un hombre de su juventud, ya que no cumplió la treintena hasta enero de 1970. A finales de aquel año, sin abandonar del todo sus compromisos con las aulas, orientó su perfil de economista hacia la práctica empresarial privada y fundó el Grupo Ganadero Internacional de Costa Rica, sociedad anónima que presidió con gran éxito hasta 1990, consolidando la producción y comercialización ganadera y de sus subproductos.

De 1979 a 1980 presidió la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE). En 1984 entró al Directorio Político Nacional del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC). El 27 de noviembre de 1988 perdió las elecciones internas del PUSC para la nominación del candidato a las presidenciales de 1990 ante Rafael Ángel Calderón Fourier.  El 4 de febrero de 1990, él se hizo con el escaño del primer lugar por la provincia de San José en la Asamblea Legislativa. Entre mayo de 1991 y abril de 1992 fungió de presidente del congreso y fue elegido vicepresidente para el área de América Central de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA). 

Durante las elecciones presidenciales del 1 de febrero de 1998 consiguió imponerse a su rival del PLN José Miguel Corrales Bolaños, con el 46,9% de los sufragios y obteniendo 29 diputados para el PUSC.

En el Gobierno

Llegó al poder con un programa de gobierno muy preciso, centrado en la revitalización económica y el estímulo de un proceso de desarrollo sostenido, que fijaba como objetivo hasta el final del cuatrienio: una tasa de crecimiento anual de al menos el 6% (frente al 3,2% con que había cerrado 1997), una inflación recortada al 5% (del 11,2% en 1997), un índice de desempleo no superior al 5% y un índice de pobreza igualmente reducido al 16%. El programa bosquejó además el Triángulo de la Solidaridad, que apostaba por involucrar a los municipios, los poderes centrales y las organizaciones sociales en proyectos de desarrollo social. 

Era considerado “neoliberal” por muchos y partidario de las privatizaciones y la apertura de monopolios estatales, lo que propulsó claramente desde su campaña presidencial de 1998. Quería abrir el mercado de los seguros, del sector eléctrico, y de las telecomunicaciones con el objetivo principal de obtener ingresos para aliviar la deuda pública, tanto interna como externa, ya que la elevación de las cargas tributarias estaba descartada si se querían estimular las inversiones productivas y cumplir con las previsiones de crecimiento necesarias. 

En líneas generales planteó una estrategia que combinaban medidas desreguladoras, aperturistas y de inversión social, en consonancia con la doctrina social de la Iglesia en la que cree y con la que comulga plenamente. 

A inicio de su mandato en 1998 puso en marcha el Foro de Concertación Nacional, una iniciativa Presidencial para integrar a todos los sectores de la sociedad en la evaluación de las necesidades del país frente a las propuestas programáticas de su Plan de Gobierno y para consensuar los necesarios proyectos de ley. De este foro salieron muchas de las más profundas reformas y proyectos que aun hoy, un cuarto de siglo después, se discuten en el país.

Para mayo de 2000, a mitad de su período presidencial, la economía había crecido según las previsiones del Gobierno (el 6,2% en 1998 y el 5% en 1999, las tasas más vigorosas de Latinoamérica detrás de las obtenidas por la República Dominicana), un verdadero logro si se consideran la recesión que enfrentaban varios de los países del istmo.

Aprobado en primer debate por la Asamblea Legislativa el 20 de marzo de 2000, el proyecto de ley de Mejoramiento de los Servicios Públicos de Electricidad y Telecomunicaciones (mal llamado COMBO ICE) llevó al país, por cálculo electoral de la oposición, mal manejo informativo del gobierno y la deslealtad de aliados político-ideológicos representados en al Asamblea, entre otras cosas, a que el proyecto de apertura y reestructuración del ICE como se había concertado y planteado por su Gobierno no se llevara a cabo. Se paralizó la apertura y la modernización necesaria del sector, que aún hoy no se ha concretado en su totalidad. 

El forcejeo político-social en torno al  denominado “COMBO” le dejaron claro que no se daban las condiciones para impulsar similares medidas privatizadoras. De esta manera, el programa para liquidar los monopolios estatales sólo llegó a buen puerto en el caso del sector de los transportes, concretamente las autopistas y el aeropuerto de San José, cuya ley de privatización fue aprobada por la Asamblea en abril de 2001. 

La agenda social, que incluyó la aprobación parlamentaria de la ley de Protección del Trabajador y la de Paternidad Responsable -que se unieron a la creación del Ministerio de la Condición de la Mujer y del Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU), creados en abril de 1998-, y profundas mejoras educativas, restituyeron la popularidad mermada a raíz del COMBO. El presidente se despidió con una imagen de estadista sobrio, competente y capaz de escuchar y tomar nota de las opiniones de los sectores sociales que dejaba le país en mejores condiciones en las que lo había recibido con “números azules” y las arcas llenas para la inversión. 

La primera reelección consecutiva del PUSC al frente del Ejecutivo fue un mérito logrado por el buen desempeño de su Administración. 

Tras dejar Zapote

Sus sólidos vínculos con los presidentes de la mayoría de los países latinoamericanos y su buena imagen en las cancillerías del continente le convirtieron en el sustituto idóneo y natural del colombiano César Gaviria, que agotaba su segundo mandato improrrogable, para ostentar la Secretaría General de la OEA. El 7 de junio de 2004, en la XXXIV Asamblea General de la organización, en Quito, fue elegido unánimemente para servir como el octavo secretario general de la OEA. 

Tomó posesión el 15 de septiembre de 2004 de un puesto, el más alto y prestigioso cargo internacional que costarricense alguno ha desempeñado. Sin embargo, no iba a tener tiempo de hacer mucho más que la más profunda y mejor reestructuración interna desde su fundación del aparato burocrático de la OEA, ya que en Costa Rica estalló un tinglado político-empresarial que le afectó de lleno y por el que decidió voluntariamente renunciar al cargo en Washington.

Volvió a Costa Rica y enfrentó las acusaciones en su contra. En cuestión de días vio destrozada su reputación. El caso ICE-ALCATEL lo mantuvo primero en prisión y luego en salas de Juicios por más de doce largos años. Salió absuelto y libre de responsabilidad penal o judicial en todos lo supuestos cargos que se le atribuyeron en su momento.

Tiene publicados libros sobre una amplia variedad de temas políticos, sociales, jurídicos y económicos. Desde hace más de 10 años mantiene dos columnas semanales en periódicos nacionales, donde suma más de 1000 artículos sobre diferentes temas de actualidad. Es conferencista habitual en los foros organizados por Ecoanálisis o la Academia de Centroamérica y ha sido miembro del Consejo Directivo de la International Foundation for Election Systems (IFES) de Washington, del Consejo Asesor de la Initiative for Policy Dialogue (IPD) de la Universidad de Columbia, del Consejo de Presidentes y Primeros Ministros del Centro Carter y del Círculo de Montevideo, entre otros cargos.


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