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Por Marian Bákit para El Observador

De una semana a la otra nuestras prioridades cambiaron, en un mundo en el que se alaba la planificación y el control de la mayor cantidad de variables, nos dimos cuenta de que son pocas las cosas importantes que podemos controlar y que ser vulnerables es la norma.

Las grandes marcas se dieron cuenta que vender como locos, hoy en día no es suficiente; que sus KPIS (Key Performance Indicator) están errados y que su rol en la sociedad debe ser mucho más profundo para poder impactarla.

Hemos estado actuando sobre la capa más superficial de una estrategia. Una marca sin alma es solo un producto.

Es momento de volver a ver hacia las marcas que se han posicionado con un gran propósito, con una verdadera razón de existir. Estos “propósitos” han sido pensados y redactados para ser su bandera. Los encontramos colocados presumiblemente en lobbies empresariales, en sitios web y campañas publicitarias.

Hoy, llegó la gran oportunidad para que las compañías demuestren que sus propósitos son reales y están vivos. Lo que está sucediendo, es una mesa servida para que las empresas demuestren que su propósito de existir no es vender, es aportar a la humanidad.

¿Qué medidas tomará Starbucks para seguir inspirando y nutriendo el espíritu humano? ¿Qué hará Johnnie Walker para que el mundo siga caminando? ¿Cómo Tesla demostrará que su misión es la de acercar al mundo a un transporte sostenible cuando las prioridades humanas cambiaron radicalmente? ¿Qué papel jugarán las empresas de telecomunicaciones en una sociedad obligada a estar aislada? Llegó el momento de demostrar de qué están hechas.

Después de esta crisis, nosotros los consumidores, deberíamos de quedar sensibilizados. Vamos a ser más exigentes con las marcas, pero más solidarios entre nosotros. Vamos a valorar más la compra de un papel higiénico y vamos a agradecer a las marcas que nos apoyaron estando ahí cuando realmente las necesitamos, no cuando las compramos.

Por eso, a pesar de la oscura situación las marcas tienen una gran oportunidad. Como empleados de empresas también vamos a cambiar, no creo que un dependiente ponga mala cara al atender a un cliente o que un restaurante atienda de manera distinta a una mesa que a otra. Valorar el trabajo y agradecer por el mismo, será una bandera de lo que nos espera atrás de esta puerta.

La publicidad también cambiará. Se modificará la manera en la que pensamos y abordamos los retos de comunicación que se nos presentan. La tendencia de ser “cliente céntrico” predominará por encima de ser “marca céntrico”.

La creatividad será mucho más colaborativa y solidaria, llegando a sorprender a través de ejecuciones más simples y sinceras. La transparencia y la humildad serán valores que estarán impresos en cada una de las campañas creadas. Como seres humanos, merecemos mensajes reales que nos conecten con lo verdaderamente importante, que definitivamente es más que solo “vender”.

El mundo ya cambió.

Marian Bákit es Directora General de Ideas MCW
Email: [email protected]
Web: http://www.ideas.cr/


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