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Por Katherine Arce para El Observador

Recuerdo uno de los talleres que trabajé con adultas jóvenes – no pasaban de los 30 años – en torno a la vivencia de la sexualidad en las mujeres. Entre el pudor, la vergüenza, las risas cómplices y conversaciones serias, una de ellas comentó que en muchas ocasiones accedía a tener relaciones sexuales con su pareja «para quitármelo de encima». «Cuanto más rápido acceda yo, más rápido él se duerme, me deja en paz y me deja dormir a mí», fue la descripción de su vivencia.

Mis oídos han escuchado esta frase muchísimas veces. Más de las que quisiera. Una expresión que sale de la boca de mujeres de todas las edades y realidades.

Cuando me detengo a reflexionar sobre este enunciado en conjunto con ellas, la mayoría coincide en un punto: no perciben que estén viviendo violencia sexual por varios motivos. Ellas señalan que «acceden» a que sus parejas toquen sus cuerpos por la noción de que es «su obligación» como parte del estar en una relación de pareja. Mantienen la creencia de que si se niegan, él buscará a otra persona con quien tener sexo.

Pero, ¿ese encuentro sexual lo desea? ¿Quiere compartir ese espacio y momento con él?

A esa pregunta le procede un silencio, que en la mayoría de las ocasiones tiene un solo significado: NO.

El consentimiento sexual es el acuerdo mutuo, consciente y libre entre dos o más personas para participar de actividades sexuales (ya sea sexo vaginal, oral, anal, tocar el cuerpo o cualquier práctica en el abanico de posibilidades). Cuando no hay consentimiento, hay violencia sexual.  

¿Qué componentes se encuentran en el consentimiento sexual?

Solo «sí» es «sí»

La palabra ‘sí’ tiene un único significado. No se puede concluir una respuesta afirmativa de un ‘tengo novio/pareja’, ‘tengo sueño’, ‘mmm… no estoy segura’, ‘no sé… acá no me gusta’. Mucho menos existe un sí donde hay silencio, donde no existe una demostración de interés, entusiasmo y deseo físico.

Si hay presión, si hay insistencia en estos escenarios, créame: no está ante una sana pareja sexual, mucho menos ante una pareja positiva en la parte afectiva-romántica.

Es libre

Las personas deben tener la libertad y capacidad de escoger y dirigir su forma de actuar. Y para ello, deben estar informadas y tener claridad de las implicaciones del encuentro sexual.

Una persona dormida o inconsciente, bajo el efecto excesivo del alcohol o las drogas, que está siendo amenazada o que se encuentra en una posición de subordinación no puede emitir un consentimiento libre.

Es específico

El consentimiento se brinda para una actividad sexual determinada. Por ejemplo, consentir sexo oral no implica que lo exista también para el sexo vaginal, la masturbación u otra práctica. Cada vez que se empieza una práctica o se cambia por otra, ¡pregunte! Puede encontrar formas sensuales de hacerlo como modo de seguir en el clima de encuentro.

Es reversible

El consentimiento es momentáneo. Usted puede consentir una actividad por la mañana, y cambiar de opinión para la noche. No importa si fue hace 10 segundos, antes o durante el acto sexual, si ya ambas personas están desnudas o no, es su derecho quitar el consentimiento en el momento que así usted lo desee o considere.           

Recuerde, usted tiene la última palabra sobre su cuerpo. Un buen encuentro sexual, sin importar si es una relación esporádica o de pareja, siempre está mediado por el respeto y la responsabilidad afectiva de cada parte implicada.

Licda. Katherine Arce Robles
Psicóloga especialista en temas de género


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