Júnior Oporta, el atleta que superó la furia del destino

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La vida de Júnior Oporta, un atleta que corre los 10 kilómetros y la media maratón, no ha sido fácil, pues desde que nació supo lo que es la furia del destino.

Su madre lo regaló al nacer, su abuela lo tiró a un cañal lleno de cerdos, su padrastro le afiló un cuchillo con el que se cortó la rodilla a los 7 años, durante los años de colegio tuvo que comerse las sobras que dejaban sus compañeros para mitigar el hambre.

Pero venció todos esos escollos y hoy continúa ganando competencias, está a punto de graduarse como profesor de Educación Física y de publicar un libro con sus memorias.

Más bien bajo, delgado, moreno, con una facilidad proverbial para hablar y darse a entender, no oculta para nada las experiencias que sufrió en su vida, pues cree que al compartirlas, tal vez le pueden servir a muchos para valorar lo que tienen y se pone como ejemplo de lucha en la vida por ser mejor persona, por perdonar, por buscar siempre el lado positivo de la vida.

A continuación un resumen de lo conversado con Júnior Oporto en un Facebook Live con El Observador.

-Júnior, ¿cómo es su experiencia de vida?

-Tuve la mala fortuna que desde que nací mi mamá biológica no me quiso. Me metió en una caja de muñeca y me regaló a mi abuela, a quien le dijo que cuando yo muriera, me enterrara en el patio, pero mi abuela ya tenía sus problemas y me tiró a unos cañales rodeado de cerdos en mi Nicaragua natal.

Fue mi mamá de crianza la que me encontró en pésimas condiciones al oír un bebé llorando y me rescató de los cerdos.

Luego, a los seis meses de nacido yo, ella tuvo que salir de Nicaragua para salvarme la vida, dejó a sus hijas en ese país y me trajo a Costa Rica.

-Luego viene otro martirio en su niñez.

-Sí, vienen más pruebas, pues yo quería estudiar pero mi padre de crianza, que era muy machista, se opuso y me dijo que yo tenía que ser un “hombre” como él, que tenía que cortar zacate.

Un día, cuando yo tenía siete años, me dijo que chapiara un pastizal y le había hecho mucho filo al cuchillo y al usarlo, me corté la rodilla en dos.

Tardé un año y medio en la recuperación, pues no podía ir al hospital porque no tenía papeles y la discriminación contra los nicaragüenses en aquel tiempo era terrible.

Entonces, con una libreta en una bolsa plástica comencé a ira a la escuela en Barranquilla de San Ramón, en un lugar que pega con las montañas de San Carlos y Miramar. Para salir a San Ramón había que caminar durante 7 horas y media.

-Y terminó la escuela.

-No fue tan fácil, pues cuando estaba en tercer grado se desaparecieron mis notas como por arte de magia. En realidad, me las quemaron para que yo no siguiera en la escuela.

-¿Quién se las quemó?

-Mi padrastro, el mismo que me afiló el cuchillo con la mala intención de que yo me cortara para que no estudiara. A uno le pueden quemar todo lo material, pero un sueño nunca y yo seguí adelante. Solo uno puede hacer que nazca el fracaso si se hecha a morir por las pruebas de la vida.

-¿Y que pasó con las notas?

-Yo no me iba a quedar así no más y volví a matricular desde primer grado y llegué a concluir la escuela. Ahí fue donde usé mis primeros zapatos, pues antes solo tenía botas. Por cierto, esos primeros zapatos eran de mi hermana y la gente se burlaba de mi por usar zapatos de mujer, pero a mí no me importaba; ya se habían burlado tanto, me habían humillado tanto, que para mí eso era normal. Por que el daño es para el que lo transmite, no para el que lo recibe.

-Y vino el colegio.

-Desde los 12 años, cuando empecé el colegio, tuve que hacerme cargo de mi familia: Mi mamá de crianza, una sobrina, una hermana y un hermano, pues a mi padrastro lo condenaron a 25 años de cárcel. Yo era el mayor y tuve que echarme al hombro a mi familia.

El colegio quedaba muy largo, a unos 25 kilómetros de la casa. Me levantaba a la 1 a. m., caminaba 3 horas y media, me esperaba un camión a las 4:30 a. m. y luego un bus a las 6:30 a. m. de un señor llamado Chito Cubero que me dejaba en el colegio.

Los sábados y domingos trabajaba de sol a sol en el campo para ganarme 5 mil colones al día. Con esos 10 mil colones, yo mantenía a la familia durante la semana.

Cuando había cogida de café era muy bueno, pues me rendía y hacía entre 25 y 30 cajuelas por día y eso era mucha plata.

-Y así llevó la secundaria.

-Bueno, pero tampoco fue tan fácil. A algunos alumnos les daban becas y desayuno. A mi no por ser nicaragüense. Entonces, recogía las sobras que ellos dejaban, las metía en una bolsa plástica y me iba a una montaña, le agradecía a Dios porque ese día me había reparado comida y así sobreviví.

-¿Terminó el colegio?

-Sí, y al mismo tiempo logré sacar a mi familia de la pobreza extrema en que vivía, de la casa con latas de zinc y con plásticos.

-¿Dónde pasaron a vivir?

-En Piedades Sur de San Ramón. La ciudad nos quedaba ahora a 17 kilómetros, y eso ya no era nada en comparación a donde vivíamos antes.

-Y vino el deporte.

-Sí, el atletismo. Recuerdo que los demás se dieron cuenta que yo hacia atletismo porque una vez me desmayé de hambre luego de una competencia. Hace tres años, me descubrió el equipo de Coopenae, el cual me tendió una mano y me ha apoyado en todo durante mi carrera de atleta.

Gracias a ello, logré ingresar a una universidad para realizar mi sueño: ser profesor de Educación Física, una carrera de la que ya casi me gradúo en la UACA.

-En estos momentos, ¿qué hace Júnior Oporta?

-Corro a nivel nacional, doy conferencias, ya casi me gradúo en la universidad y al señor que tanto me maltrató, el que afiló el cuchillo para que yo me cortara, lo visito una vez al mes a la cárcel para hacerle ver que lo he perdonado.

-¿A su mamá biológica la visitado?

-Sí, fui a Nicaragua a verla para decirle que la perdonaba y que la amaba.

-¿Ella que le dijo?

-Quedó asombrada al verme luego de 20 años. Esa carga de dolor que suportó durante todo ese tiempo se le alivió. Me pidió que me quedara pero yo tengo mi mamá aquí en Costa Rica.

¿En el ámbito deportivo como le va?

-Me va muy bien. He corrido unas 115 carreras y tengo algunos trofeos en mi casa.

-¿Como se vislumbra dentro de tres años?

-Con un libro con mis memorias que ya casi está listo, como conferencista y poniendo a trabajar mi experiencia como deportista en lugares marginados.

-¿Se gana suficiente para vivir compitiendo en carreras los domingos?

-No. Los únicos que ganan son los que organizan esas carreras, pues son muy lucrativas, pero el atleta no, aunque gane muchas carreras. Si no tuviera el patrocinio de Coopenae y una beca en la Universidad, tendría que buscarme un trabajo.


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