Isabel Gamboa;Isabel Gamboa Barboza; CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN ESTUDIOS DE LA MUJER;CIEM;profesora; investigadora de la Escuela de Sociología.Foto/Anel Kenjekeeva
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Dra. Isabel Gamboa para El Observador

Cuando era niña, frente a la orden que me daba mamá de servirle la comida a mi hermano, respondía siempre con una pregunta y una afirmación: ¿por qué, si él tiene manos?

  • Porque él es hombre y usted es mujer” cerraba contundentemente ella.

¿Cuántas de ustedes habrán vivido lo mismo? ¿Qué quería decir ser hombre y ser mujer?

Entre muchas cosas, que los hombres pueden desatenderse de cuidar y en cambio serán cuidados por las mujeres.

Por ello, las mujeres estamos arduamente entrenadas y presionadas para ser serviles – estado con el que soñó el muy ilustre Rousseau para todas nosotras -.

Hacerse cargo

Lo anterior es un hecho con serias consecuencias. Hay un solo ganador que lucra de la prerrogativa de ser servido a expensas de las mujeres que lo rodean: la esposa que le dice a los niños que hagan silencio porque el papá está ocupado o dormido; la mamá que le lava la ropa una vez a la semana al estudiante que vive en San José; la estudiante que encuentra sexy y brillante al profesor más grosero y autoritario.

Es muy serio, porque servir no solo es cansado y demanda tiempo que dejaremos de usar en cosas que ambicionemos; servir es inútil, no produce nada más que servidumbre y deja a las mujeres en el lugar de objeto doméstico.

Al mismo tiempo da a los hombres más tiempo libre y más autoridad para luchar por metas que son altamente valoradas en nuestra sociedad y para hablar en su propio nombre, como lo ha señalado Celia Amorós.

Quién sirve y quién se sirve es tan importante que no ha cambiado ni hoy día, que tantas cosas han variado por COVID-19, como lo demuestran encuestas realizadas a nivel mundial. Lo reseñan personalidades como la doctora Elizabeth Hannon, de la Revista Británica para la Filosofía de la Ciencia, las mujeres están más ocupadas que nunca sirviendo a las necesidades de sus familias, al punto que han dejado de publicar.

Por eso es imprescindible que usted, amigo que me lee, se haga cargo de su propia reproducción y comparta la de su familia, para que las mujeres podamos tener lo que Virginia Woolf creía indispensable: una habitación propia, es decir un lugar donde no debamos servir sino pensar.


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