Primer ministro Boris Johnson, del relajo a la firmeza ante el coronavirus

A finales de abril, Boris Johnson salió del número 10 de Downing, la residencia y oficina del primer ministro. (AFP)
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(Londres) A principios de marzo, Boris Johnson abordaba la crisis del coronavirus con relajo y se mostraba reticente e la idea del confinamiento. Pero este lunes, tras sufrir gravemente él mismo la enfermedad, se mostró firme en mantener las medidas de distanciamiento.

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«Inmunidad colectiva»

El 3 de marzo, en una conferencia de prensa, el primer ministro conservador de 55 años fanfarroneaba con que había «estrechado la mano a todo el mundo» al visitar un hospital donde había enfermos de COVID-19.

Dos días más tarde, el Reino Unido anunció el primer muerto por el coronavirus.

El 12 de marzo, Boris Johnson calificó la pandemia de la «peor crisis sanitaria pública en una generación» y advirtió que muchos británicos perderían a seres queridos.

Pero la forma de afrontar la crisis por su gobierno difería de las medidas radicales adoptadas por otros países de Europa. Boris Johnson repitió su recomendación de lavarse bien las manos «el tiempo que se tarda en cantar ‘cumpleaños feliz’ dos veces».

Su estrategia de favorecer la «inmunidad colectiva» en vez de confinar a los británicos causó polémica.

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Cambio de estrategia y confinamiento

Ante la lluvia de críticas, y sobre todo después de un estudio científico alarmista que anunciaba cientos de miles de muertes si no se tomaban medidas de distanciamiento social, el gobierno cambió de estrategia.

El 16 de marzo, pidió a la población que evitara los contactos y los desplazamientos «no esenciales» y favoreciera el teletrabajo. El 20 de marzo decretó el cierre de escuelas, pubs, restaurantes, cines y gimnasios.

El 23 de marzo, Johnson anunció un confinamiento inicialmente de tres semanas.

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De la cuarentena al hospital

Cuatro días más tarde, anunció, para sorpresa general, que había contraído COVID-19, aunque, aseguró, los síntomas eran «leves» y siguió gobernando desde su apartamento en Downing Street.

No obstante, el mandatario parecía cansado en los mensajes de vídeo que colgaba en Twitter en los que exhortaba a los británicos a quedarse en casa.

Al cabo de los siete días recomendados por las autoridades británicas, tiene que prolongar su cuarentena porque la fiebre no remite.

El 4 de abril, su novia treintañera Carrie Symonds, embarazada, dice que se está curando tras haber tenido síntomas del coronavirus.

Johnson no tiene tanta suerte: tras una alocución televisada excepcional de la reina en la que insta a los británicos a la resiliencia, se anuncia que el primer ministro es hospitalizado «como medida de precaución», debido a la persistencia de los síntomas.

Veinticuatro horas más tarde fue trasladado a la unidad cuidados intensivos del hospital de St Thomas, donde recibió oxígeno pero no necesitó un respirador.

Tras unos días más de hospitalización en planta, leyendo aventuras de Tintin, haciendo sudokus y viendo películas, fue dado de alta el 12 de abril.

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«Seguir adelante»

Pasó después su convalecencia en Chequers, la residencia oficial de los primeros ministros en el campo al noroeste de Londres.

Johnson quiso dar las gracias al personal sanitario que le había «salvado la vida» y en particular a los enfermeros presentes a la cabecera de su cama durante 48 horas en las que «todo se hubiera podido decantar» de un lado u otro, un portugués y una neozelandesa.

De vuelta a las riendas del gobierno el lunes, el primer ministro se congratuló de los progresos realizados para hacer frente a la propagación de la enfermedad, subrayando que las curvas de infecciones, hospitalizaciones y muertes están en declive.

Pero instó a los habitantes del Reino Unido a «contener la impaciencia»: a pesar de las dramáticas consecuencias económicas y sociales del confinamiento contra la enfermedad, deben «seguir adelante» con él para evitar el riego de un resurgimiento de la epidemia, afirmó.


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