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Katherine Arce para El Observador

¿En cuántas ocasiones ha pensado que quienes le rodean son los causantes de su enojo, su tristeza, sus frustraciones, sus miedos, etc.?, ¿cuántas veces se ha encontrado responsabilizando a los demás de sus emociones? O viceversa, ¿constantemente se percibe responsable de cómo se sienten los demás a su alrededor?, ¿hace todo lo posible por evitar que quienes le rodean se enojen o se incomoden, aunque eso signifique silenciar sus propios malestares?

Lamentablemente, vivimos en una sociedad y cultura que poco enseña sobre la inteligencia emocional, es decir, aprender a identificar las emociones propias y las formas de manejarlas de una manera sana y asertiva. Sin embargo, esta resulta central, pues gran parte de nuestras decisiones en la vida son influenciadas, en mayor o menor grado, por las emociones.  

Responsabilizarse de las emociones de los demás puede resultar en una gran carga para su desarrollo personal, pues ponerse sobre los hombros la tarea titánica de solucionar el sufrimiento ajeno se convierte, desde un inicio, en una tarea imposible de lograr. Lo más probable es que terminará sintiendo frustración, pues es poco probable que quienes le rodean se sientan siempre satisfechos a pesar de todos los esfuerzos que usted siente que invierte en que estén mejor.

De la misma manera, buscarle culpables a como usted se siente, poco le resolverá la situación que está viviendo. Si usted no se hace cargo de sus emociones, ¿quién lo hará?, ¿los demás?, ¿un ser mágico? Eso puede resultar demasiado inestable e incierto.

La inteligencia emocional no se trata de buscar culpables, sino de identificar cuáles son sus emociones ante sus circunstancias de vida y:

  1. Aceptar que es usted quién se siente así por ello, por tanto está en sus manos resolverlo.
  2. Comenzar a aprender a identificar su rabia, sus celos, su ira, su tristeza, su frustración, su impotencia; reconocer cómo influyen en usted y su comportamiento, cuáles son sus capacidades y debilidades.
  3. Trabajar en aprender a autoregularse. En tanto más aprenda a identificar sus emociones, podrá implementar diferentes acciones en la búsqueda de dominar lo que siente de forma asertiva, sin dejarse llevar por ellas ciegamente.
  4. A mayor inteligencia emocional, mayor empatía con quienes le rodean y por tanto, mejores relaciones interpersonales puede construir. Aprender a reconocer los sentimientos de los demás, le puede permitir comprenderles mejor y construir pautas de relaciones mucho más sanas.

Afortunadamente, la inteligencia emocional es una habilidad que se puede aprender. No es una capacidad innata, todo lo contrario, es una destreza que puede refinarse poco a poco a partir de la auto reflexión y de la autocrítica.

Recuerde que es su decisión darle o no el poder de su bienestar o malestar a las personas que le rodean. Puede aprender a elegir cómo afronta las situaciones de su vida, responsabilizándose de usted.

Está en sus manos construir su plenitud y su paz interior.

Licda. Katherine Arce Robles
Psicóloga especialista en temas de género

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