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Carlos Peña para El Observador

El 16 de marzo pasado, el presidente Carlos Alvarado declaró el estado de emergencia y convocó a los costarricenses a quedarse en casa como medida preventiva ante la actual pandemia por COVID-19.

Recuerdo con dolor que el viernes 20 de ese mes, con el ánimo de apoyar a emprendedores locales, junto a mi familia buscamos pedir comida por medio de alguna aplicación disponible. Todas estaban saturadas. Busqué opciones en internet y todos los restaurantes cercanos o carecían de información en línea o estaban cerrados. Terminé yendo hasta el centro de la ciudad a un restaurante de cadena internacional para comprar la cena.

Ese viernes me marcó muchísimo, salir y manejar varios kilómetros viendo todo cerrado, verle el semblante de miedo a tantas personas. Rompí en llanto en el carro entendiendo que miles de personas se quedarían sin dinero para pagar cuentas, comprar comida, reparar algo en su casa o su vehículo.

Sentí como nunca un vacío e impotencia, entendiendo que tenía años de trabajar por el sector PYME, y que finalmente el día que siempre les dije para el que se tenían que preparar llegaba y tantos sin poder responder ante las circunstancias.

Según la Cámara de Restaurantes (Cacore) el 80% de estos comercios estaba cerrado para ese fin de semana. El Ministerio de Economía y Comercio (MEIC) estima que el 80% de las pequeñas y medianas empresas (pymes) cerrará pronto si siguen las medidas de confinamiento. Esta cartera señala que casi el 90% de las pymes no podrían hacer frente a obligaciones a más de 22 días sin recibir ingresos.

Todo lo anterior es un preámbulo para explicar que vivimos en tiempos de tomar decisiones fuertes; algunas que marcarán las vidas de muchas personas.

Cuando la directiva y asociados de la Cámara Nacional de Pymes me preguntaron: ¿qué vamos a hacer?; mi respuesta fue contundente: nada. No vamos a hacer nada, ¡absolutamente nada!

Pareciera increíble e incluso irresponsable, ¿cómo desde una organización que ayuda a las pymes vamos a dejarlas morir?, a la deriva, que se asfixien solas como una víctima de COVID-19.

La lógica de mi posición es la siguiente: aquellas empresas que cierren operaciones entre el 15 de marzo y el 30 de junio son propuestas de valor que el mercado no necesita, no le interesan y/o no está dispuesto a darle continuidad porque no son bienes esenciales, no generan valor ni beneficios reales.

Si usted está entre el grupo de personas que vio su negocio caer en esas fechas, bienvenido a este lado; y con humildad aceptemos que fracasamos y que debemos buscar nuevos rumbos.

Autocrítica y análisis

Personalmente y sin pena ni vanidad lo comento. Yo perdí el 90% de mis ingresos por consultoría. Inmediatamente me transformé a buscar otro tipo de proyectos que fueran interesantes y generaran retorno. Entre el 16 de marzo y el 4 de abril logré levantar $200.000 para un proyecto de inversión en Guanacaste.

Lo anterior lo comparto con la intención de hacerles llegar a mi misma conclusión, el mercado tiene liquidez, pero va a invertir esa liquidez solo en cosas que valgan la pena.

¿Cómo a esta altura un minisúper no tiene los datos de contacto de sus clientes? Existen muchos CRM’s (Customer Relationship Management o programas de Gestión de las relaciones con clientes) gratuitos.

¿Cómo un restaurante no va a tener servicio a domicilio? Existen muchas opciones de entrega por medio de recurso propio o terceros.

Si no lo ha hecho es reflejo que su negocio gira entorno a usted y no entorno al cliente. Todo el servicio debe de estar diseñado en función del cliente y no de las facilidades del empresario.

También es importante analizar las estructuras internas de cada empresa, si una empresa no puede hacer frente a sus obligaciones dentro de un mes calendario el único culpable es el dueño del negocio. Su flujo de caja estaba mal estructurado, tenía mala administración, pobre estructura de capital o peor aun (siendo lo más común) dueños que asfixian a sus empresas para mantener un estilo de vida a costas de la inversión en la empresa.

En otras palabras, lo que hemos notado en estos días de pandemia es que las empresas ahora adolecen de inversión en canales de venta digitales, mejor logística de entrega y mejores operaciones. Todo por mantener ingresos personales elevados a sus dueños por medio de utilidades que se repartieron antes de hacer a las empresas realmente rentables.

Aunque muchos digan que sus ingresos son pocos en términos absolutos, si su empresa no puede sobrellevar la carga de los tiempos, entonces nunca invirtió de forma inteligente en su propio negocio.

Efecto de la crisis

Esta pandemia ha dejado claro que durante mucho tiempo muchas empresas estuvieron repartiendo dividendos a punta de deuda o aparentando estabilidad económica cuando en el fondo no eran rentables. Una empresa realmente rentable no debe de caer en un pequeño resfrío económico.

Aquellas empresas que a partir del 1 de julio en adelante caigan, su problema no es la propuesta de valor, ya que sobrellevaron con cierto logro el valle de la muerte de la incertidumbre del inicio de la pandemia en Costa Rica, pero que su problema es su estructura de deuda, logística o manejo de costos.

Si dejamos que las fuerzas del mercado logren ajustar naturalmente a las empresas, lograremos transformar el mercado a uno más eficiente, con propuestas de valor realmente provechosas y empresas adaptadas a la nueva realidad. Lo que iba a suceder en 2040 con la robotización y la digitalización llegó antes, no se sorprendan, solo queda adaptarse a esta nueva realidad o buscar nuevas formas de generar ingresos.

Este tipo de crisis lo que hace es sacar del juego a los ineficientes, caros o poco valiosos.

Claramente detrás de estas empresas que cierran hay personas que necesitan resolver el tema de familia, futuro y estabilidad, pero de eso hablaré en la siguiente entrega.


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