¿Terapia de pareja? ¡Jamás!

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Emilia Malavassi para El Observador

Frecuentemente me encuentro con personas que me preguntan cómo hacer para que su pareja acceda ir a terapia, están viviendo momentos difíciles, se sienten cada vez más desconectados y en muchos casos los conflictos han ido en aumento. 

Quieren solucionar sus problemas, añoran sentirse seguros nuevamente, estar satisfechos con su relación, pero al mencionar la posibilidad de buscar ayuda saltan como si fuera lo peor.

Detrás de cada “¡jamás!” existen muchas posibles razones. Justificaciones que pueden ser preconcepciones negativas de lo que es la psicoterapia, o en los casos más difíciles, experiencias directas o indirectas de procesos de psicoterapia individual o de pareja malos o negativos. 

Hoy quisiera analizar algunas de estas ideas con el objetivo de ayudar a quien las tiene a ver las cosas desde otra óptica, ampliar esa visión y ojalá, cambiar su manera de pensar respecto de la transformadora experiencia que puede ser un buen proceso de terapia de pareja.

1. “Lo que estamos pasando no es para tanto, nosotros no estamos ni cerca de pensar en el divorcio”

Me atrevo a decir que todos los terapeutas celebramos cuando al conocer una pareja nos dicen “Vinimos antes de que esto se convierta en un problema grave”. No llegan con heridas de apego que duelen hasta lo más profundo, no se ha faltado el respeto de manera grave, no existe una tercera persona en la relación, ni tampoco hay silencio permanente que evidencia la distancia y desconexión. 

Las parejas deberían entender que la prevención, también aplica para ellos. La terapia de pareja no debería ser el “último recurso” para ver si resolvemos o salvamos nuestras relaciones.  

Un proceso de pareja puede ser únicamente para fortalecer la conexión, para entender la dinámica de interacción que tienen y poder sentir verdaderamente que están el uno para el otro, que no están solos y que cuentan con los recursos emocionales para enfrentar su realidad.

Una realidad en donde existen ciertas dificultades que de no entender y ajustar pueden llegar a desgastar tanto la relación al punto de poder pensar en el divorcio por ejemplo.  De modo que, ¿para qué esperar que el desgaste llegue? Resulta mejor identificar la debilidad y trabajar en ella para convertirla en fortaleza. 

Siempre podemos sentirnos más cerca, aprender cosas nuevas, refrescar la relación, recordar qué los unió y convertir las áreas débiles en fortalezas.

 2. “No quiero que una extraña me diga que hacer”

Ir a terapia no es ir a la escuela. Un buen terapeuta no te dirá nunca que hacer. Su función es acompañar a las parejas a descubrir sus propias respuestas, a conectar emocionalmente uno con el otro, a entender que la realidad que viven hoy puede estar ligada con situaciones de su historia, a reflejar patrones de conducta o comunicación que las parejas no han logrado ver.

Estamos ahí para que quienes nos buscan amplíen su visión y entonces, puedan conectar emocionalmente uno con el otro. Ayudamos a las parejas a entender que hay detrás de lo que ocurre, de lo que cada uno ve, permitiendo así conocerse y entenderse mejor, sentirse ás seguros. 

Imponer qué hacer sería como pretender que estarán en la vida de las personas siempre, cuando ese no es el objetivo, la meta es que las parejas lleguen, descubran, entiendan, trabajen y aprendan, y ya luego sigan su vida más seguros, más conectados, más fortalecidos y con la seguridad de que cuentan con recursos emocionales propios para enfrentar sus retos.

3. “Es demasiado caro y quita demasiado tiempo”

Este punto puede ser muy válido para no iniciar un proceso de terapia de pareja. Sin embargo, si uno analiza las consecuencias del desgaste por tiempo indefinido pueden ser aún más costosas. 

Desde el extremo de divorciarse, donde definitivamente más allá de los trámites legales implica el mantener dos casas, cada uno por separado y no una sola casa entre los dos. Hasta el impacto físico y emocional de vivir (ó sobrevivir), en una relación conflictiva, y aquí no solo hablo del impacto a los adultos, sino que también las consecuencias que esto trae a corto, mediano y largo plazo en los hijos y enla familia en general. 

Así que yo pienso que una terapia de pareja a tiempo, puede resultar la mejor inversión, es una póliza de vida que puede garantizar paz y tranquilidad.

4. “No quiero que alguien más sepa nuestras cosas”

Ir a terapia nos enfrenta a nuestra propia vulnerabilidad, disponernos a trabajar y conversar de nuestras emociones requiere de muchísimo valor, y es entendible que no es algo que queramos hacer con cualquier persona. 

Sin embargo, un buen terapeuta se gana la confianza y ofrece un ambiente seguro para abrirse desde el ángulo más vulnerable. Adicional a esto, existe un principio de confidencialidad que como profesionales debe existir siempre.

Problemas, errores, decepciones, heridas… sin duda es difícil para todos compartir esa parte de la vida. 

Se requiere confianza para abrirse.

Se requiere coraje para demostrarse vulnerable.

Se requiere humildad para considerar ver las cosas desde otra perspectiva.

5. “Si ya me fue mal donde un psicólogo, es porque ninguno sirve”

Existen tantos tipos de psicólogos como colores. Hay muchas corrientes distintas, muchas maneras de dar psicoterapia. Y definitivamente no a todos nos sirve la misma persona. Por eso, escoger a donde ir es algo que uno no se toma a la ligera. 

Las malas experiencias en efecto pueden existir, y no necesariamente porque hayan topado con malos profesionales. En ocasiones, puede ser que no hubo “click” y esto es muy importante, hay que sentirse cómodos y seguros.

En otras ocasiones, puede ser porque no estábamos en total disposición de asistir y entramos con tantas ideas negativas que no se aprovechó el espacio.

Sin embargo, una mala experiencia no debe generalizarse, por dicha hay muchos profesionales muy capacitados y especializados, y si queremos ese apoyo profesional, podremos encontrar la persona indicada para hacerlo. Es cuestión de buscar, preguntar, indagar, saber de que manera se trabaja.

Emilia Malavassi es Psicóloga, especialista en terapia de pareja y familia.
Instagram: @creciendoenpareja
Facebook: Creciendo en Pareja

Tel: 8970-3838
www.creciendoenpareja.com


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