Pandemia, equidad de género y corresponsabilidad

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Jonathan Valembois. LEAD University

Leo el día anterior al “día internacional de la mujer” un artículo de la Harvard Business Review sobre un estudio realizado entre 1.500 participantes de 46 países en relación a su percepción de bienestar, tras un año de vivir en modo-pandemia. Entre los resultados se destaca que para un 85% su bienestar se ha deteriorado y un 89% considera que su bienestar en el trabajo se ha deteriorado.

Del primer grupo, la mitad reconoce un deterioro de su salud mental, de los cuales un 13% identifica problemas de convivencia en casa: “home-life struggles”, que vamos a traducir aquí como “retos de la vida doméstica”. La quinta parte de esa mitad indica que se consideran con el “síndrome del quemado” (burnout syndrome).

El reclamo generalizado es la falta de separación de la vida en el trabajo y la vida familiar. Antes, literalmente, salíamos a trabajar y hoy el trabajo se nos mete en el hogar. Incluso el viaje de retorno tenía un grandísimo simbolismo positivo en el sentido de separar lo que pasaba antes del viaje, en el trabajo, con lo que pasa después, en la casa.

Pero.

Resulta que tres veces más mujeres que hombres (16% vs 6%) reportan ese problema de “retos de la vida doméstica”. Y es que 9 de cada 10 personas consultadas indicaros que esos problemas tienen relación con las dificultades de ser simultáneamente padres (madres) de familia y trabajar desde la casa.

La afectación a la salud mental de los trabajadores de salud es sustancialmente superior en las mujeres que en los hombres porque ellas tienden a involucrarse más con sus pacientes, su atención es más integral, y hay una mayor proporción de mujeres en el área de enfermería (o inversamente una menor proporción en la de medicina).

La violencia en el hogar se incrementa contra las mujeres, no solo al tener al agresor 24/7 entre las mismas cuatro paredes, sino que además, éste está estresado (posiblemente incluso desempleado y más endeudado), con caídas más intensas en sus vicios.

Y resulta que, tras que ya de por sí, trabajen afuera o no, una alta proporción de las tareas domésticas (lavar, planchar, cocinar, limpiar…) recaía en el género femenino, ahora tenemos a los niños estudiando en casa… ¿Cómo aguanta el “sexo débil”?

Esto es “durante” la pandemia pero espere, hay más.

Resulta que todos estamos esperando entender cómo funcionará aquella “nueva normalidad”. Ya son muy pocos, y cada vez menos, los que creen que tras la pandemia volveremos a nuestras viejas rutinas y hábitos. Se espera una nueva normalidad en la que se combine la presencialidad en la oficina con el teletrabajo.

Tenemos estudios que reconocen que, para aquellos, pocos, que indican un beneficio a su productividad de trabajar más desde la casa, la proporción es abiertamente masculina: más hombres se han beneficiado de una mayor productividad desde la casa que mujeres.

Antes de seguir con la conversación sobre género, leemos también que tendremos una afectación de clases sociales. Los trabajadores “del conocimiento”, es decir, mayoritariamente con estudios universitarios, del sector servicios, se verán beneficiados por este nuevo equilibrio oficina-hogar. El resto de los sectores no puede disfrutar de esa tendencia porque su desempeño laboral está directamente ligado a su presencia: una empleada doméstica, una enfermera, un trabajador del campo, el policía o quien barre los caños, simplemente no pueden hacer su trabajo “desde casa”.

Una encuesta sobre la preferencia de retornar a la oficina vs quedarse en casa revela que una abrumadora mayoría de los hombres preferiría (o puede…) retornar a la oficina, mientras que una alta proporción de las mujeres preferiría (o no puede la alternativa…) trabajar desde casa.

Sabemos que a la hora de considerar aumentos de salarios u oportunidades de ascenso hay una marcada tendencia a favorecer a aquellos “que tuvimos a nuestro lado”, que “se esforzaron conmigo para sacar la tarea”  y ahora tenemos que, tras que ya es de sobra conocida la diferencia en salarios por género, estas oportunidades serán todavía más favorables a los trabajadores que a las trabajadoras.

Tendremos entonces mayor diferencia en salarios y todavía más dificultades para el ascenso de las mujeres en las escalas jerárquicas, lo cual evidentemente también impacta a su salario, simplemente porque los primeros “estarán aquí” y las segundas “estarán allá”.

¿Qué podemos hacer? Aquí hablo no tanto a nuestras compañeras de vida sino que nos hablo a nosotros, los hombres, y también nos hablo a nosotros, los patronos (también, mayoría masculina). Se llama corresponsabilidad.

Termino con dos retos para nosotros, los hombres; nosotros, los patronos:

1. ¿Quién cocina, quién limpia? y, sobre todo, ¿quién ve las tareas, el avance en el estudio, las dificultades de aprendizaje desde casa? ¿Vamos a “ser hombrecitos” y nos vamos a atrever a indicar que no podremos atender esa videollamada de las 5 p.m. “porque debemos estudiar matemática con el menor de la casa”?;

2.  Como patronos, ¿vamos a distribuir las responsabilidades y las oportunidades de manera similar entre nuestros subalternos? Si pedimos ese apoyo de fin de semana y “María” se disculpa mientras que “Pedro” salta a ofrecerse, ¿podemos entender a María y buscar que ella se luzca con el extra? ¿Tal vez no lo ocupamos lunes a primera hora y miércoles por la tarde está bien? ¿Tal vez le preguntamos a Pedro cómo le va con el apoyo a sus hijos, como una simple conversación, en lugar de felicitarle por asumir el extra durante el fin de semana y pasar a conversar de fútbol durante la jornada laboral?


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