SIDA
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Dra. Margarita Murillo para El Observador

Este es un tema bastante delicado, especialmente porque más de tres cuartas partes de las consultas hacen referencia a este tema. Las mujeres lanzan frases como:

yo no necesito eso

o mujeres que me dicen:

la verdad es que yo ya no estoy para eso…

de por si ya llevo tres hijos y no tengo la menor idea de lo qué es un orgasmo…

Esto es bastante triste, tan solo imaginar que la mujer no tiene acceso al placer, ver que no puede disfrutar de la energía sexual dentro y de su cuerpo, como sí “suponemos” que lo tienen los hombres. Desde aquí entran en el deseo lo que llamamos factores culturales.

Empecemos por contarles que en realidad no es un asunto de sentir o no sentir, es un asunto de trabajar a profundidad las limitantes. Estas son ideas que tenemos en nuestra mente, más culturales que físicas, que han sido impuestas por la sociedad, como una forma de controlar nuestro deseo. Hemos escuchado frases como:

no es bueno que la mujer tenga deseo

Esta es solo una de las tantas frases que hace muchos siglos, pero muchos siglos, fueron puestos en la mente de nuestras comunidades, tanto en el imaginario de las mujeres como de los hombres. Una mujer con deseo es vista como una prostituta (u otros epítetos) o “quien sabe con quién anda”, porque sola no puede tener deseo.

El mito es pensar que será el hombre quien active este deseo, y eso simplemente no es cierto.

Exploración del cuerpo y el placer

Se estableció que una forma de controlar a la mujer era controlándole su cuerpo, donde ella no tuviera acceso a educar y reconocer sus zonas erógenas (zonas de placer) y que mejor lugar, que controlar su deseo.

Solo para recordarles, el deseo se construye a partir de la exploración, el galanteo y el juego. Pero esto debe darse inicialmente en una misma, es decir las mujeres deben primero reconocer, aceptar, disfrutar y manejar su cuerpo, pero no para otros o para lucirlo, sino para cuidarlo, sentirlo y disfrutarlo.

En sexualidad se dice que hay que batallar con otros mandatos, que están en nuestras mentes aunque pensemos que no, algunas de estas son:

no es bueno que la mujer explore sus genitales…
eso es sucio…
se ve feo…

O afirmaciones como:

es natural que el hombre explore sus genitales pues los tiene externos

Esto es parte de la afirmación de la masculinidad, eso lo hace hombre, pero la mujer no, “eso no es de mujeres decentes“. Si una mujer explora mucho su cuerpo, “es capaz que se hace prostituta” (y ya eso es otro tema, pues suponemos que las prostitutas ‘disfrutan’ de la explotación de sus cuerpos – eso es una mutilación de la realidad de abuso y maltrato que viven).

Imposición del patriarcado

También tenemos otro aspecto con el que hay que lidiar mucho más, la idea de:

los hombres son los que van a enseñar a las mujeres acerca de su sexualidad

Este es un mandato del patriarcado. Ésta creo yo, es la limitante más difícil de manejar. Primero lo que los hombres van a “enseñar” es lo que han explorado en su cuerpo masculino, de ahí la otra queja femenina ante sus encuentros sexuales, por lo general me comparten que:

no siento nada

no me hace lo que me gusta

me duele

O terminan diciendo algo que les afectará por mucho tiempo la construcción del deseo, esto sucede cuando he escuchado:

a veces lo que hago es fingir para que termine rápido…
la verdad que lo hago por complacerlo…

Por supuesto que su pareja no le hará lo que te gusta, porque simplemente apenas está conociendo su cuerpo. Primero que nada, es la mujer la que debe reconocer, amar y disfrutar su propio cuerpo, para que pueda pedir en caso de que decida construir una relación sexual-erótica con otra persona.

Pueden ambos comenzar a compartir, pedir, comunicar y negociar las sensaciones que surgen en el encuentro, pero primero, antes que todo, se debe haber sentido algo por sí misma, para poder construir las relaciones de placer con la pareja.

El deseo se ve afectado cuando lo forzamos, cuando fingimos, pero sobre todo cuando hacemos actos que van contra nuestros valores. Pero enfatizo en que la cultura va a provocar en nuestras mentes de manera inconsciente que neguemos el deseo, que pensemos que no existe y que no lo necesitamos.

El deseo sexual forma parte de nuestra energía de placer, de estabilidad, sirve para cargarnos, relajarnos, fusionarnos para mostrar el amor, primero por nosotras mismas, porque nos apreciamos, gustamos y cuidamos; y luego si lo elegimos, para demostrar el encuentro con quien hemos elegido.

La sexualidad y sobre todo el deseo han estado y estarán con nosotras desde que nacemos hasta que morimos. Debemos, de acuerdo a cada edad, abrirnos a explorarlo y disfrutarlo.

Espero que podamos romper con las barreras del miedo, del asco, de la negación, de la evasión.  Al deseo hay que entrarle, pero de frente y con muchas ganas, como el derecho que significa para nuestras vidas.


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