¿Regresar al pasado?

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Fernando Herrero, profesor de Lead University

Sabemos que las crisis abren oportunidades para cambiar. La pandemia, y la respuesta del sistema de salud de los Estados Unidos han hecho evidentes sus debilidades y el inmenso potencial de la investigación científica y tecnológica para enfrentar al virus. Cuando regresen a “lo normal”, veremos si los intereses del ancien régime se imponen o si las fuerzas de avanzada logran una transformación importante.

Sucede en Costa Rica, y con las variaciones del caso, en todos los países del mundo. Se evidencian desafíos propios del estilo de desarrollo vigente antes de la pandemia, así como fortalezas que permitirán construir nuestro nuevo mundo.

El propósito de este artículo es plantear que reactivar la economía no es simplemente regresar al pasado y reiniciar la máquina. El mundo cambió, para bien y para mal, y en ese contexto tenemos oportunidades y desafíos que van más allá de “crecer como lo hacíamos antes”.

Entre las fortalezas se encuentran los sectores económicos más dinámicos, como los de alta tecnología, servicios empresariales, educación superior, agricultura moderna, servicios ambientales y turismo. Y con la crisis mundial es posible atraer parte de las cadenas mundiales de valor cuya producción final se encuentra en Estados Unidos y Europa. La lista de actividades puede extenderse e incluye actividades privadas y públicas.

Estos sectores dinámicos se han hecho posibles porque desde hace más de cien años hemos invertimos en educación y salud, y hoy contamos con trabajadores preparados para aprovechar esas oportunidades, y porque desde hace cincuenta años iniciamos el camino de la protección y el aprovechamiento inteligentes de nuestros recursos naturales. Para seguir por estos caminos necesitamos fortalecer dos elementos:

La capacitación. La demanda de trabajo excede a la oferta, por lo que tenemos margen para fortalecer la capacitación para que más persona puedan incorporarse a estos sectores. Contar con un buen sistema de capacitación es esencial, además, porque la “cuarta revolución industrial” exigirá que las personas pasen por períodos de capacitación para adaptarse a los cambios en la demanda trabajo. Es un campo estratégico, en el que debemos recurrir a alianzas público-privadas y acción directa de ambos sectores. Y ojalá tuviésemos un buen sistema de becas para que las personas desempleadas se preparen para integrarse a los sectores avanzados. El INA podría aportar buena parte de los recursos necesarios.

Finalmente, nuestro mayor desafío: la pobreza, el desempleo y la desigualdad. En los tres campos teníamos problemas serios, y la pandemia y la crisis los han agravado. El avance en los sectores dinámicos ha dejado atrás a la cuarta parte de nuestra población, y las políticas públicas no han sido exitosas. No ha habido “trickle down”, derrame, como algunos esperaban. Son problemas que no hemos sabido enfrentar, y sobre los que ya la ciudadanía ha expresado su insatisfacción a través del sistema político.

Entre las medidas que se han mencionado para enfrentar el deterioro social se encuentran el estímulo a la pequeña y mediana empresa y al emprendedurismo. Son empresas que pueden generar mucho empleo, pero también muestran una elevada tasa de mortalidad (70%-80%, en el mundo, no solo aquí). Necesitamos algo más grande, que le permita a la gente tener trabajo asalariado decente; ser empresario no está al alcance de todos. Surge entonces la idea de que la capacitación permitiría trasladar gente hacia el grupo más avanzado. Ese viable para un grupo, pero la capacitación requiere niveles de formación previa que muchas veces no existe. ¿Cómo lograr que el grupo con menores calificaciones consiga trabajo como asalariado? Necesitamos expandir la demanda de este tipo de trabajo, aunque sea temporalmente. Muchas empresas de esta naturaleza se han ido del país por sus elevados costos. Es posible que, como hicimos con otros sectores en el pasado, sea necesario subsidiar el empleo no calificado, con transferencia condicionadas a ambas partes del mercado.

Estas son las reflexiones que quería compartir en esta oportunidad. Surgen de escuchar el clamor para reactivar la economía, a la vez que algunos locales y externos creemos que deberíamos aprovechar las oportunidades y no hacer más de lo mismo. El reto, claro está, es de carácter político.


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