Resignificar la muerte a colores

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Jessica Hoffmaister para El Observador

Este año, como nunca, ha estado lleno de despedidas. En México, cada 31 de octubre se conmemora el Día de Muertos, una tradición que gracias a Frida Kahlo y a la película “Coco” se ha colado entre las modas y gustos de los ticos.

Confieso que le tenía terror a las catrinas, esqueletos y cualquier cosa que se refiriera a la muerte, pero al conocer un poco más de esta tradición mexicana, descubrí que el “Día de Muertos” es una oportunidad donde la familia se reúne para honrar la memoria de quienes han partido.

Se hacen altares y se colocan ofrendas, pero sobre todo, recordamos a los ancestros que son parte de nuestra historia.

El filósofo alemán Bert Hellinger nos sugiere que los ancestros no solo nos han heredado códigos genéticos y fenotípicos, sino también energéticos y reconocer la familia y los ancestros es también una forma de sanar en esta vida.

En el día de muertos, dejamos el tradicional luto para llenar de flores las casas, compartir comida, el delicioso y aromático pan de muerto y sobre todo, honrar la memoria de los que se nos han adelantado, desde el amor eterno que trasciende el plano físico.  ¿Cómo seguir amando a alguien que ya no está?

Dejar ir, dejar partir, amar

En mayo, dos de las personas más importantes en mi vida, se pusieron de acuerdo y se fueron en la misma semana. Son esas cosas que pasan donde una se queda congelada y observando, como detrás de una vitrina, sin saberse qué está siendo parte de la película. Ambos estuvieron siempre a mi lado, desde que tengo memoria, cumpleaños, navidades, apuros.

¿Qué me ha permitido sobrellevar el duelo? La certeza de haber vivido cada instante al máximo con ambos, no me quedó nada pendiente, pero sobre todo trasladar el dolor y los te extraño a momentos felices.

Con mi abuela hicimos una serenata con su música favorita, lloramos, pero honramos su memoria cantando. Con mi Tío Nano hicimos una fiesta de sombreros, como a él le gustaba vestir.

Este año todos hemos vivido pérdidas de familiares, amigos, rutinas. Hemos perdido lo que conocíamos como normalidad y han sido duelos, uno tras otro. Cuando es inesperado, nuestra humanidad automáticamente sufre la pérdida y se aferra al dolor.

¿Y si resignificamos las despedidas, los duelos, los cierres, las muertes? No es fácil, pero cuando nos desapegamos desde el agradecimiento y desde el amor, duele un poquito menos y las despedidas por muerte o por distancia pueden vivirse diferente.

Dejar ir no significa dejar de amar

Despedirse desde el amor no es fácil, pero creo que podría funcionarnos como una herramienta de adaptabilidad, en medio de tanto y tan inesperado cambio.

Hagamos la muerte a colores, soltar, fluir, agradecer. Que con las despedidas también llegan bienvenidas, encuentros, coincidencias.

Jessica Hoffmaister
Jessica Hoffmaister


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