Señor Presidente, ¡Centro América llora!

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Miguel Rangel Rodríguez Echeverría

La pobreza, la inseguridad, la violencia, el desarraigo, la frustración, el desempleo, la informalidad que ya sufrían millones de centroamericanos antes del COVID-19 han sido magnificados por esta pandemia.

Hace un año, en vísperas de que este coronavirus nos atacara, la Fundación Libertad y Desarrollo convocó a los Presidentes de las naciones de América Central, a Expresidentes de Iberoamérica, a líderes de organizaciones financieras, sociales y educativas a Guatemala para dialogar sobre la importancia de construir una Comunidad Económica de Centroamérica. Si entonces era oportuno y necesario relanzar los esfuerzos para el desarrollo humano de nuestros pueblos que han perdido el impulso integrador y se han aislado en la introspección de sus dolores, ahora la urgencia de acciones conjuntas es mucho mayor.

Pero también las crisis de salud, económica, política, social y ambiental desatadas por la pandemia abren importantes y nuevas oportunidades que hace un año no se daban.

En esta hora de enorme sufrimiento, de angustia e incertidumbre para el mundo y específicamente para los centroamericanos, la historia nos convoca una vez más a los costarricenses a liderar fraternalmente para convertir el llanto en satisfacción, para

convertir el costo de la pandemia en oportunidad de superación para todos los pueblos centroamericanos.

Cuando nuestro Istmo y el Caribe sufrieron el tremendo dolor de muerte y devastación de los huracanes Mitch y George, como Presidente en ese tiempo de SICA, pude organizar la visita a Washington de los Presidentes de Centro América y del Primer Ministro de Trinidad y Tobago que presidia el CARICOM. Fue la vista conjunta de mayor número de mandatarios que hasta entonces se había realizado. Dadas las consideraciones humanitarias, ambientales y de migración de entonces, logramos que se aprobará la ampliación de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, que hasta entonces había sido repetidamente rechazada por el Congreso de los Estados Unidos. Hoy las circunstancias son más graves y las oportunidades más alentadoras.

Las condiciones internacionales son propicias para que esta hora de dolor sea el inicio de una época de prosperidad.

Las migraciones ilegales, miles de niños maltratados pidiendo entrada en la frontera de Estados Unidos, la trata de personas, el narcotráfico, la contención del cambio climático y la defensa de la naturaleza, la necesidad de estimular el crecimiento mundial, favorecen las posibilidades de que se organice un gran movimiento internacional de apoyo a América Central.

Nuestra aspiración debe ser una Gran Alianza por Centroamérica que nos permita sacar provecho de las nuevas tecnologías y conectar a todos los hogares del Istmo con las redes del conocimiento; digitalizar la enseñanza y superar la ignorancia; fortalecer el estado de derecho, el respeto a los derechos humanos y erradicar la corrupción; establecer sistemas de salud que nos preparen para nuevas contingencias pandémicas y de la naturaleza; descarbonizar nuestras naciones y generar energías limpias interconectadas, construir infraestructura vial y ferroviaria descarbonizada; ejecutar las acciones de prevención y mitigación que nos protejan del calentamiento global y hagan uso que preserve y obtenga frutos de una relación armoniosa con la naturaleza.

Esa válida aspiración es viable en la tesitura histórica que atravesamos.

Una Alianza con estas características con apoyo de Estados Unidos y México y con la colaboración de Canadá, la Unión Europea y el Reino Unido para el fortalecimiento de estados eficientes y respetuosos de la libertad, los contratos y la propiedad y el funcionamiento de mercados competitivos y abiertos atraerían inversión, conocimiento e innovación capaces de eliminar el desempleo y crear prosperidad.

Una acción eficiente, transparente y bien coordinada, transformaría las condiciones productivas y sociales de América Central, atraería inversión privada capaz de eliminar las dolorosas realidades actuales y lograrán que sus habitantes se desarrollen sin verse forzados a abandonar sus tierras, sin que pierdan sus arraigos familiares y comunales y sin que caigan en las garras de los traficantes de personas.

También son evidentes los beneficios de esta Gran Alianza por Centroamérica para nuestros socios internacionales, y especialmente para los Estados Unidos, por sus muy favorables efectos sobre la inmigración desordenada, el calentamiento global y la reactivación de la economía mundial.

El momento no solo es el adecuado dadas las circunstancias pandémicas, y la situación apremiante que esta crisis dejará, sino por la apertura de la Administración que inicia en Estados Unidos el Presidente Joe Biden para buscar una solución integral a estos temas.

Esta pandemia debe hacer aflorar lo mejor de todos los centroamericanos y de los habitantes de las naciones amigas, y recordarnos que ninguno se salva solo, que nos salvamos en la fraternidad.

Señor Presidente, Costa Rica puede asumir el liderazgo y convocar a todos los mandatarios de SICA para preparar una propuesta, para organizar adecuadamente una visita a Washington y plantear al Presidente Biden y a los líderes de ambos partidos en ambas cámaras legislativas esta Gran Alianza por Centroamérica. Estoy seguro de que en esta tarea Usted contaría con el respaldo de todos los sectores políticos, empresariales, sindicales y sociales de nuestra nación y de muchas naciones amigas.

Hoy los opresores son los dolores que afligen a nuestros pueblos. Inspirémonos en la Segunda Proclama del Presidente Juan Rafael

Mora y digamos a nuestros hermanos centroamericanos: “vamos a ayudarlos en la obra fecunda de su regeneración; vamos a decirles: hermanos, levantaos; aniquilad a vuestros opresores.”

(Carta del expresidente Miguel Ángel Rodríguez al Presidente de la República, Carlos Alvarado).


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