Simplicidad, (felicidad gratis)

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Rodrigo Sánchez, profesor en Lead University

Es bastante paradójico que justo en la época del hiperconsumismo, del hiperindividualismo, de la sociedad del espectáculo como la llama Vargas Llosa, de la “felicidad instantánea”; donde vivir muy estresado es una constante, muy enfermiza, por cierto, yo venga a comunicarme con ustedes para proponer algunas ideas sobre la simplicidad.

No espero convertirme en una voz que grita en el desierto, ya hay muchas voces haciéndolo y no precisamente en el desierto. Por eso es que quiero unirme a esa gran cantidad de personas que están esperanzadas desde una visión positiva de la vida y de lo que como sociedad, podemos aspirar a tener.

Esto sin tener que esperar a que después de la pandemia, sea gigantesco y quizá irreversible el deterioro cognitivo de la humanidad, provocado por esta era de estrés crónico, de las enfermedades conductuales que ya traemos como sociedad prepandemia y que ahora están mucho más desbordadas. Que la depresión y la ansiedad no sean algo cotidiano, ya que el costo social de lidiar con ellas es impensable además de invivible.

Parece inevitable, pero ya hay procesos serios de cambios en todo el planeta, y yo espero de verdad que después de la pandemia, haya más cambios sociales sobre lo que hemos venido haciendo en los últimos 30 años.

Así vivimos

Hemos creído que más, es más. Hacer más actividades, poseer más productos de la sociedad del consumo, trabajar más para consumir más, así podemos ser felices.

Hay otra realidad que es infranqueable, la capacidad cognitiva de nuestro cerebro es bastante limitada. Naturalmente tenemos un déficit de atención, y esta sociedad de excesos nos ha llevado a el estrés crónico provocado por los excesos de querer más de todo lo que podemos adquirir con el dinero. Lo que nos enferma, causa serios problemas de memoria y muchas cosas más, muchas; detalles que he escrito en artículos anteriores que están disponibles en mi página web, atrévase-a-ser-feliz.com.

Ante esta realidad, vivir de manera más simple en el sentido de que menos es más. Realmente estar presentes en lo que sucede en cada momento de la vida, realizar la preparación y los esfuerzos cotidianos para  apreciar los momentos positivos que pasan a nuestro alrededor diariamente y dejarlos pasar sin la  valoración de que son importantes para la vida.

Cultivar las buenas relaciones sociales, esto es de lo mejor que podemos hacer por nuestra vida buena, buenos vínculos sociales. Háganse una pregunta y responda claramente para usted mismo, ¿existe en sus vidas personas a las que les pueda confiar la vida, con las que pueda contar ante cualquier situación? Cuantas más existan así, mucho mejor será para nuestro bienestar emocional; dado que la evolución nos ha diseñado como seres colectivos, venimos de tribus y necesitamos de los demás siempre que no sean tóxicos, que por cierto los hay en la vida de casi todas las personas.

Esto de las redes sociales reales, no las virtuales, es tan relevante que un estudio hecho con datos de 309 mil personas en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, descubrieron que la falta de vínculos sociales se asocia con la depresión, deterioro cognitivo en la vejez y la muerte prematura. La gente que vive sola en la edad adulta, vive hasta diez años menos.

En el mundo hay 7.7 mil millones de personas, sin embargo, en medio de tanta gente podemos estar solos, y esto se ha vuelto tan grave, que en el Reino Unido y en Japón crearon recientemente un ministerio de la soledad, para buscar formas de lidiar con esta crisis social tan severa provocada por la soledad. ¡Pensar que ser empáticos y crear buenos vínculos sociales es gratis y nos hace felices!

¿Es usted de las personas que, en su afán de poseer bienes materiales sin parar, vive la vida pagando cuotas a los bancos, sin la consciencia de que eso lo estresa y que ha perdido su libertad de elegir para su futuro? Las cuotas por si mismas no son el problema, es la forma de poder aspirar a satisfacer algunos bienes necesarios para la vida en la sociedad que hemos diseñado. El problema es cuando las cuotas se llevan casi todo nuestro ingreso, por ese hiperconsumismo desmedido y sin razón. Y vaya si hay ejemplos en el mundo occidental de este asunto en particular.

Simplicidad

Apreciar los cantos de las aves, admirar lo maravilloso que es poder contemplar en vivo un atardecer o amanecer. Buscar el contacto con la naturaleza cada vez más, buscar razones para reír,  un café con gente querida, un gustito ocasional, una muy agradable conversación con amigos compartiendo una comida. Fluir sin consciencia del tiempo cuando un libro nos atrapa, disfrutar del arte en la dimensión que más nos llene.

Poder ver crecer los hijos, ser parte de esa maravilla de esculpir con nuestro ejemplo a esos seres humanos maravillosos que pueden ser nuestros hijos si les prestamos la atención que se merecen. Tener la consciencia de que todo aquello que nos hace sentir bien, cada cual las conocerá, buscar que se repitan lo más posible, sin causar problemas a los demás ni a nosotros mismos.

No dejar para después lo que puedes vivir ahora. Eso es simplicidad, y es de muy bajo costo o gratis en muchos casos, además de que nos hace bien, nos dan felicidad. Y no las tonteras que hemos creído, de que es posible ser felices en el consumo desmedido de todo lo que el mercado nos ofrece y a cambio hipotecamos en cuotas eternas nuestro futuro.

La vida no tiene por qué ser complicada y estresante como lo es, desde hace poco más de 30 años. Yo mismo he estado en esos lares, lidiando con cuotas eternas y mucho estrés, no solo en lo laboral, sino en la vida en general. No conocía estas nuevas fuentes de formas de vivir más feliz, más simple, sin tanto corre corre todo el día y más.

Créanme que en los últimos 5 años, cada año vivo más feliz que el anterior, porque tengo claro un propósito y procuro no salirme del camino, con los altibajos inevitables de la vida.

Si la felicidad es una gran meta, y sabemos que se puede lograr sin la complejidad que hemos metido a nuestros días. Que es posible llegar a ella por un camino que no se acaba, pero que permite experimentar esa felicidad en cada instante de la vida. Si hacemos el propósito de buscarla de manera consistente y sin acelerar, con el fin en la mente, iremos creciendo un poco cada día. Un año seremos más felices que el anterior, porque aprendimos a caminar por el sendero de manera adecuada.

Pero no malinterpretemos, no dejamos de ser humanos. Hay días que no serán tan buenos como otros, el secreto es no cejar en el propósito y cada día, de manera simple, seguir por el camino que nos hemos trazado. Día a día, la simplicidad es felicidad gratis, sin daños a la salud, sin dejar para después lo que sabemos debemos hacer para avanzar en nuestros propósitos porque:

“Todo aquél que deja para después un café, un gustito, un amor, es evidente que no tiene consciencia de lo efímera que es la vida”, Mario Benedetti.

Atrévase-a-ser-feliz.com


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