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Ante la polémica por las intervenciones en el muro sur del Museo Nacional, la institución admitió que se trató de un trabajo sin el aval de la Comisión Nacional de Patrimonio Histórico ni del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural (Cicpc), pero negó que se hayan alterado las marcas históricas del edificio.

De acuerdo con el Museo, el mantenimiento del costado del Cuartel Bellavista que colinda con la avenida Segunda es uno de los mayores retos de conservación, dada la exposición a los vehículos y otras acciones humanas como grafitis.

Desde febrero del 2019 arrancaron obras de impermeabilización del inmueble, que sin embargo debieron ser suspendidas pues ni la intervención ni los materiales utilizados estaban autorizados.

La pared del museo deja ver la diferencia de capas de pintura aplicada así como las marcas en la pared. (Berlioth Herrera/El Observador)

Según el ente cultural el trabajo quedó limitado entonces a la aplicación de pintura acrílica en todo el muro y de una capa de pintura antigraffitti hasta la altura de tres metros.

“No se aplicó ninguna capa de repello. Tampoco se tapó ningún rasgo histórico, como los impactos de bala que hasta el día de hoy se pueden apreciar al visitar el muro a lo largo de la avenida Segunda”, defendió el Museo.

La institución afirmó que tras los señalamientos de Patrimonio se inició un proceso interno, por el cual se sancionó a los responsables por una actuación negligente, sin detallar quienes fueron culpabilizados ni el castigo impuesto.

“Al ordenar la suspensión de las obras, el Cicpc detectó que el Museo Nacional de Costa Rica había sido omiso en la solicitud de autorización para pintar el muro. El Museo Nacional por su parte, aceptó esta apreciación y reconoció que no hubo dolo, sino negligencia y estableció las sanciones internas correspondientes”, sostuvo la institución.

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Escenario de la historia

Los torreones que quedan del edificio también están marcados por las balas de otros momentos históricos. (Berlioth Herrera/ El Observador)

El edificio del Museo Nacional correspondió originalmente al Cuartel Bellavista, sede del desaparecido ejército costarricense.

Antes de su construcción en 1917, el lote sirvió de casa al explorador alemán Alexander von Frantzius y luego al político Mauro Fernández, hasta que se compró el terreno para trasladar ahí las instalaciones militares y sacarlas del centro de San José por el riesgo que representaban.

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Aunque las obras fueron aceleradas al principio la dictadura de Federico Tinoco, por la Guerra con Panamá en la década de 1920 quedaron paralizadas hasta su culminación final en 1932.

Una vez en funciones, el cuartel fue sede de dos intentos de golpe de estado: uno en 1932 liderado por Manuel Castro y conocido como el “Bellavistazo”; y otro en 1949, llamado el “Cardonazo” al ser liderado por Édgar Cardona.

Ambos eventos provocaron intercambios de balas que quedaron marcados en los muros y torreones del edificio, preservándose hasta la fecha.

Tras la abolición del ejército en 1948, el Museo Nacional se instaló en el edificio desde 1950.

José Figueres abolió el ejército costarricense el 1 de diciembre de 1948 con el acto simbólico de golpear con un mazo una de las paredes del Cuartel Bellavista. (Cortesía)

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Estudiar Derecho me enseñó que lo que realmente cambia las cosas es el periodismo bien hecho.
Si la política o las leyes parecen aburridas es porque nunca nos las han contado de la forma correcta.