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Varsovia, la ciudad que vive una revolución del transporte ecológico

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A las 7 pm de un viernes de mediados de junio, el sol brilla con toda intensidad en Varsovia, la capital de Polonia. A esta hora, una bandada de bicicletas y monopatines eléctricos se alternan a toda velocidad por aceras y ciclovías metropolitanas.

Ambas expresiones de “micromovilidad” conviven en total armonía con peatones y se complementan con un eficiente servicio de transporte público que incluye trenes, tranvías, dos líneas de metro, islas exclusivas para taxis y puntualísimos autobuses.

En esta ciudad europea se ha intensificado en los últimos meses una revolución ecológica en el transporte, como remedio a la alta congestión vehicular que sufría.

Según cifras de la firma consultora Deloitte Polonia ocupa el sexto lugar en Europa en tenencia de vehículos de uso personal por cada 1000 habitantes, con un promedio de 571 vehículos. Si se trata de Varsovia, la cifra sube hasta 715 automóviles, mientras urbes como Berlín apenas superan los 330.

Ante este panorama, los residentes de la capital polaca han recurrido a los beneficios de las comunicaciones móviles, los datos georreferenciados y un moderno sistema de pagos electrónicos para adoptar mecanismos de transporte que son más baratos y amigables con el ambiente.

Sobre dos ruedas, ya sea de monopatines o bicicletas, hombres y mujeres -desde adolescentes hasta adultos mayores- han comenzado a probar los beneficios de moverse con mayor libertad mientras contribuyen a disminuir la contaminación sónica y del aire.

En un cruce se juntan ciclistas y usuarios de monopatín. (Juan Pablo Arias/ El Observador)

Opciones disruptivas

En el último semestre los residentes de Varsovia han sido testigos de la llegada de unos 6500 monopatines eléctricos (también llamados scooters), de la mano de dos empresas estadounidenses: Lime y Bird.

El modelo de operación es sencillo: por medio de una app con geolocalización las personas pueden encontrar en qué parte de la ciudad hay disponibles monopatines. Generalmente han sido dejados por otros usuarios junto a estacionamientos de bicicletas, en parqueos, a la salida de centros comerciales o en las afueras de terminales de transporte público.

Desde esa aplicación para teléfonos inteligentes, los usuarios pueden “reservar” alguno de los vehículos, o si lo prefieren, solo ubicarlo y posteriormente ir en su búsqueda. 

Para desbloquear el monopatín eléctrico e iniciar el viaje, cada usuario debe usar un lector de código QR. Solo desbloquearlo tiene un costo que va de los 2 a los 3 eslotis (entre ¢300 y ¢450) y cada kilómetro de viaje cuesta 0,5 eslotis (unos ¢75). 

Durante el viaje se pueden alcanzar velocidades de hasta 25 kilómetros por hora y la batería tiene una autonomía de 37 kilómetros.

El otro caso que llama la atención es el de las 5500 bicicletas de alquiler. De acuerdo con los datos recopilados por Deloitte, los operadores de sistemas de bicicletas urbanas están aumentando rápidamente sus ingresos. 

En Varsovia el sistema más expandido es el de Venturilo, un negocio de alquiler de bicicletas que también utiliza una aplicación móvil para iniciar el viaje. El dispositivo electrónico debe tener un número de teléfono asociado, que para el caso de extranjeros debe contener el código de área.

Para acceder al servicio los usuarios deben iniciar con un pago de 10 eslotis (¢1.500) que servirá como depósito de garantía para el pago de los viajes.

Si la bicicleta se usa menos de 19 minutos, el viaje es gratis. Entre 20 minutos y una hora cuesta 1 esloti (¢150), pero los precios van en aumento conforme incrementa el tiempo de la bicicleta en manos del usuario. La idea es que más usuarios puedan usarlas.

Las estaciones de bicicletas también son ecológicas. Sus sistemas de candado funcionan con electricidad generada por páneles solares. También tienen infladores para repararlas.

Centros comerciales y otros negocios permiten que las bicicletas “privadas” también sean aseguradas en su perímetro.

Micromovilidad y los jóvenes

Se utiliza el término micromovilidad para describir mecanismos de transporte que sirven para recorrer distancias cortas. En Polonia, su auge está influenciado por el creciente número de residentes urbanos, que constituyen el 60% de la población del país.

La reducción de la dependencia de los polacos respecto a sus automóviles también ha sido impulsada por el desarrollo de la tecnología, que incluye un alto uso de teléfonos inteligentes, el uso del GPS en las soluciones, pagos electrónicos seguros y mayor rendimiento de las baterías. 

Las principales señales de cambio, según Deloitte, provienen de las generaciones más jóvenes, que ven más ventajas en el “uso compartido” que en la tenencia de vehículos propios.

“La micromovilidad contribuye a resolver los desafíos de transporte más problemáticos que enfrentan las áreas urbanas, como la congestión, la mala calidad del aire y el acceso desigual al transporte” explicó Irena Pichola, socia de Deloitte, en el informe “Movilidad compartida en Polonia”. 

En su informe, la experta citó otras de las razones para que las personas elijan usar soluciones que son amigables con el medio ambiente: una preocupación por la calidad del aire, sensibilización social, mayor atención al cuidado de la salud y la aspiración a una mayor calidad de vida.

“Entre la generación más joven, estamos viendo cambios en el concepto de movilidad”, dijo.

Jóvenes polacos recurren al sistema multimodal/ (Juan Pablo Arias/ El Observador)

Desafíos del modelo

Uno de los mayores desafíos en el modelo de Varsovia es que la actividad carece de regulación pública.

Según un estudio del McKinsey Center for Future Mobility, alrededor del 60% de los viajes en automóvil que se realizan en todo el mundo son de menos de 8 kilómetros, y en ellos se podrían aplicar soluciones de menor impacto como las usadas en esta ciudad.

Sin embargo, la ley polaca no se ha actualizado con la misma velocidad que la oferta de movilidad. Por ejemplo, todavía no hay regulaciones con respecto a los monopatines eléctricos, por lo tanto, sus usuarios son tratados como peatones, que deben usar las aceras. 

Pese a la velocidad que alcanzan, los usuarios no suelen llevar casco. (Juan Pablo Arias/ El Observador)

Pero los dueños de esos vehículos prefieren las ciclovías, ante la posibilidad de desarrollar una velocidad significativa. 

El problema está en que algunas regulaciones también quedaron obsoletas y de seguir en el estado actual, el uso de un monopatín en las ciclovías se puede traducir en una multa.

Otra de las fallas es que todavía no se ha cuantificado el peligro de, por ejemplo, los monopatines en comparación con otros tipos de transporte, y cómo la velocidad o el uso o la ausencia de un casco afectan el nivel de seguridad. 

Multimodalidad

A parte de la revolución que generan los propios ciudadanos, las autoridades de la ciudad tampoco se han quedado cruzadas de brazos.

Los residentes de Varsovia cuentan con 1500 autobuses ecológicos, 400 vagones de tranvías eléctricos, dos líneas de metro urbano y un sistema ferroviario con 30 trenes. 

Las necesidades de transporte de los ciudadanos de Varsovia son monitoreadas y analizadas regularmente por la Autoridad de Transporte Público. 

Los registros recopilados les ha permitido dar forma a un sistema de transporte que es rápido y conveniente para los viajeros. Por ejemplo, los usuarios pueden comprar tiquetes multimodales para usar en todos los servicios.

También se creó un sistema de estacionamientos, para que las personas que usan automóviles prefieran dejarlos ahí y tomar servicios de transporte público dentro de la ciudad.

Y para estos sistemas la tecnología también está a la orden del día: en Varsovia la app Jakdojade le ayuda a sus usuarios a planificar su ruta en transporte público mostrando los horarios de buses, trenes y tranvías y calculando las rutas más eficientes.

Si algún día está por esa bella ciudad, anímese a conocerla mientras utiliza cualquiera de sus modalidades ecológicas de transporte urbano.


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