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Silvia Solano para El Observador

Kafka en la Orilla” es una novela escrita por el japonés Haruki Murakami, que como la mayoría de las historias que el autor desarrolla, se encuentra cubierta por un realismo fantástico, como acotaba hace unos días un buen amigo.

Este no es un libro pequeño pero sí es de muy fácil lectura. Decidí abrir un nuevo año con este libro porque nos lleva hacia una interrogante absolutamente esencial para cada inicio de año: ¿Cuál es el sentido de mi vida?

El camino se recorre junto a dos historias que se van desarrollando por separado; pero como es de suponerse: llegan a cruzarse. Sin embargo, no sucede en un plano ordinario, sino más bien en uno metafísico.  Muy propio de Murakami.

A través de los ojos de Kafka Tamura, nos permitimos sentir y vivir las grandes interrogantes de lo que deseamos y soñamos desde una perspectiva más sensible, llenándonos de nuevos descubrimientos internos. Por ejemplo con frases como:

“La calidez y el sosiego vuelven a mi corazón. […] El único camino posible es hacia adelante

Y también, en este párrafo hermoso cuando dice:

“Tengo la sensación real de que algo que posee un poder salvaje ha brotado en mi corazón, ha echado raíces en él y ahora está creciendo con fuerza. Encerrado en mi caja torácica, un corazón ardiente se dilata y se contrae desvinculado de mi voluntad”.

Los destinos de ambos personajes, el relato que ellos envuelven y las grandes interrogantes que ahí surgen, vuelven adictiva la novela.

Permitiéndonos reflexionar con simples frases, como:

“Todos los objetos se encuentran en constante movimiento. La tierra, el tiempo, los conceptos, el amor, la vida, la fe, la justicia, el mal. Todas las cosas fluyen, son transitorias. Nada permanece indefinidamente en el mismo lugar ni con la misma forma”

Cuando se mencionan en el libro estas las siguientes dos frases, el escritor nos está abriendo una puerta a nuestras raíces más profundas, con cuestionamientos sobre nosotros como seres pensantes, diferentes, pertenecientes a una raza viva y humana:

“Sólo los cobardes apartan la vista de la realidad” y “sólo que ya estoy más que harto de la gente sin imaginación. De ese tipo de gente que T.S. Eliot llama «hombres huecos». Personas que suplen su falta de imaginación, esa parte vacía, con filfa insensible y que van por el mundo sin percatarse de ello”.

Las acciones que desencadenamos a partir de nuestra interpretación de las cosas no son sólo nuestras, impactan directamente a todo un colectivo humano.

Justamente en el libro Murakami nos trae de vuelta al espejo, mencionándolo así:

“es cierto que soy un poco diferente a los demás. Pero, fundamentalmente, yo también soy ser humano”.

¡Importante recordatorio!

Silvia Solano, es amante de la literatura, los viajes y las buenas historias.
Blog: https://silabril.wordpress.com


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