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El Barcelona toca…y toca…y toca…y toca un poco más. La línea se repite en la boca de narradores de todo el mundo, al describir lo que hace el club culé con su juego – hoy por hoy – predecible, soso, con cortos circuitos y sobre todo sin un elemento esencial para que funcione este estilo de posesión y rondó: vértigo e imaginación.

El FC Barcelona ganó por la mínima en su propio campo, con gol de penal de Messi, ante el siempre combativo Real Sociedad, inyectado de moral esta semana tras avanzar a la final de la Copa del Rey por primera vez en 32 años. Pero necesitó la intervención del videoarbitraje (VAR).

Durante el primer tiempo los catalanes dominaron la posesión, como es usual, pero abusaron de la pelota larga. Ni el holandés Frenkie de Jong, ni el hoy titular croata Iván Rakitic, ni un desesperado Lionel Messi podían generar volumen ofensivo.

Desde hace más de un lustro (en el 2015 ganó la Liga de Campeones por última vez, aunque mantuvo el dominio en la doméstica) al Barca se le han venido agotando la aceleración y la creatividad. Ya es repetitivo señalar el impacto de salidas como Xavi y Andrés Iniesta, pero uno de los equipos con más recursos no ha sabido pasar la página.

Igual que tras la traumatizante venta de Neymar, el fracaso de fichajes de altísimo precio como Coutinho y el frágil Dembelé, y la sequía de figuras desde La Masía, no existe la capacidad de encontrar fórmulas demoledoras y generadoras de ocasiones en ofensiva.

Sin sociedades

En el ocaso de su carrera, Rakitic ya no es el que vivió un gran Mundial en el 2018. (FCB)

Tras media temporada en crisis por una pretemporada ridícula y poco profesional en lo físico; pleitos internos; y los errores del presidente Josep Bartomeu, los actuales campeones españoles naufragan en una continua Messidependencia, pero más aún les golpea la ausencia de pequeñas sociedades que conviertan tanto toque en algo con sentido y peligro en el marco rival.

Ni el fichaje del tulipán De Jong, ni del francés Antoine Griezmann, y con el agregado de las lesiones y la salida del técnico inicial, los culés resienten la falta de ideas, y conexiones claras en las laterales, en las alas en el último cuarto, y de la defensa hacia la contención.

Centrales se pegan al arquero, laterales se esconden a la par de la línea, Busquets baja y con todo su talento no tiene dónde enlazar…

En múltiples ocasiones hoy, Marc André Ter Stegen no tuvo opciones, y tras dos o tres veces de recibir la pelota de sus defensas, optó por reventar. El público lo cobró, silbando.

Quique Setién no dio con la tecla y ya repite un fallo: tarda en reaccionar. Ansu Fati entró faltando menos de 10 minutos y antes solo dio entrada a Arturo Vidal, en el usual intento de revolución, que hoy no tuvo efectos.

Eso sí, mejoró el Barca y Piqué tuvo una de cabeza, Messi la envió al techado en el área, y el arquero de la Real Sociedad evitó un golazo de Rakitic, tras una cadena de errores.

A falta de 10 minutos de que finalizara el encuentro, el árbitro detuvo las acciones para revisar una jugada previa. En un centro anterior en el área donostiarra, cuando Gerard Piqué fue por el balón y no lo alcanzó a impactar con la cabeza, hubo manos (brazo) de Le Normand.

Minutos después, tras ver la repetición el referí pitó penal. Lionel Messi acudió a la cita y no falló. Todavía antes del cierre, Messi dio un gran pase a al adolescente Fati, quien hizo una bonita jugada para asistir a Jordi Alba quien anotó. Pero el VAR lo anuló por fuera de juego.

El Barcelona vive un día más con la cabeza fuera del agua en la Liga española. Pero su juego irregular y gris no llegará muy lejos en Europa.


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