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Popcorn506 para El Observador

En muchas ocasiones, no queremos o no sabemos darle el valor necesario al cine que nos es más propio, más cercano. Da la sensación de que lo que nos identifica de un modo más directo o lo que tiene que ver con nosotros por algún vínculo no tiene tanto valor como lo que viene de fuera.

Ceniza Negra es una película costarricense producida en 2019 que recién está convirtiéndose en un título nombrado a nivel internacional.

Y esto es por la presencia en algunos de los festivales más importantes de distintos países. Véase el de Cannes en Francia, el de Múnich en Alemania o el de Gijón en España. Esto ha permitido que la obra de Sofía Quirós tenga un buen reconocimiento.

No es cine comercial

Lo que sucede es que Ceniza Negra no es una película que tenga nada que ver con el cine comercial. Y cuando decimos nada es del modo más honesto que podemos. Aquí no hay ningún elemento que permita identificar esta obra como producto cinematográfico, sino más bien como resultado de una creación artística.

La historia que cuenta nos lleva a la costa de la querida provincia de Limón, donde una niña huérfana que se llama Selva vive con sus abuelos. Ella empieza a sentir ese paso tan importante en la vida, sobre todo en la vida de una mujer, que es desde la infancia hasta la adolescencia.

Es un momento de su vida en el que empieza a sentir la relevancia que de verdad tienen conceptos como la vida y la muerte. Y en el que tiene que comenzar a tomar decisiones que le ayuden a avanzar y de las que no hay vuelta atrás. En definitiva, es la historia de la llegada a la madurez.

Esto que se nos cuenta es algo que, de un modo muy sutil, la directora nos va mostrando a lo largo de la película. Porque todos esos pequeños momentos de la niña, o no tan niña, junto a sus abuelos, muy abuelos, son escenas que pueden parecer transitorias, sin importancia o sin hilo. Hasta que se llega al final. Una vez ahí se entiende todo. Todo tiene un significado más profundo y transmite mucho más.

Ese abuelo querido

¿Somos conscientes de verdad cuando damos el paso a esa madurez inevitable? ¿Echamos de menos esa vida anterior? ¿Es mejor vivir en la inocencia o en la verdad? Son cuestiones que Sofía Quirós nos plantea en esta película y que, por suerte o por desgracia, nos va a tocar afrontar o recuperar.

Y esto, hay que alzarlo, es una apuesta valiente. Es un reto al espectador, transmitido a partir de unos personajes muy entrañables, muy auténticos, o como se diría de modo poco ortodoxo, muy queribles.

Inteligente la apuesta, no por madre ni padre, sino por abuelo. Eso es algo que muchos, casi todos, echamos de menos. Por ley de vida, es, hasta ahora, algo que a la gran mayoría nos falta.

Esa figura del abuelo querido es un ejemplo tan uniforme y omnipresente que supone una gran genialidad, porque nadie lo puede discutir, al menos de las generaciones actuales, incluso en el caso de no haberlos disfrutado.

Se habla de actores no profesionales aquí. En algunos casos, se acepta y, en otros, se verá. Porque lo que sucede con algunos de los actores más jóvenes vistos en esta película solo puede indicar dos cosas: que la directora tiene un gran talento en la dirección de actores o que estos tienen un talento excepcional que no debería ser desaprovechado.

Un toque especial

Sea como fuere, ese amateurismo le da un toque especial a la película, pero no es lo suficientemente acusado como para motivar una distracción al respecto. Es la cantidad justa de espontaneidad como para que los personajes resulten tan efectivos como uno desea. Uno que no es la directora, claro está, sino un espectador que va viendo evolucionar la historia hasta ese punto al que nos lleva al final.

¿Cuán buena es? Tanto como te dejes llevar. Porque, al final, puede haber planos bonitos y diálogos entrañables. Pero solo si te abres a ella, como piden las personas más nobles y las obras de arte más sinceras, conseguirás entender su verdadero significado.

Sofía, te queremos y esperamos verte en un escenario más ambicioso. Porque creemos en tu talento y esperamos que allí lo exprimas aún más.


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