empresas
Escuchar este artículo
Tiempo de Lectura: 2 minutos

Francisco Soto para El Observador

Estamos inmersos en la transformación en la forma del trabajo. Cada vez más la tecnología como plataformas digitales, inteligencia artificial y robots están al servicio de las personas trabajadoras. Pero en el trabajo habitual vemos como esta tecnología va reduciendo ciertos ámbitos laborales, en detrimento de la persona.

La tecnología es una herramienta en manos de las personas, no es un pasaporte a otra dimensión o fin. La tecnología junto con las competencias laborales ayudan a la sociedad a adaptarse a las nuevas oportunidades y cambios. Las organizaciones deben caminar de la mano de los nuevos desarrollos tecnológicos con una realidad social afín a su época.

El trabajo estable debe estar en el centro del cambio. Por ejemplo, la mejora de las competencias laborales en trabajos digitales debe actuar en la superación de la desigualdad, no como una situación de oportunidad de bajo costo. Si hay desigualdad hay precariedad, brecha salarial e injusta valoración de los puestos de trabajo.

El incremento del uso de la tecnología y la transformación del empleo no es un proceso en automático, requiere de tiempo e inversión. Las organizaciones deben asegurar el trabajo de las personas, el acceso a la formación y a la mejora de las competencias laborales con el fin de que puedan aportar innovación y mejoras en este proceso.

Equilibrio de la tecnología y las competencias laborales

Con máquinas o sin ellas, en las relaciones laborales la parte débil es la persona, las competencias laborales son indispensables para que esta parte débil encuentre un equilibrio entre tecnología y progreso se de en las organizaciones, entre mejor preparado este la persona mayor provecho dará al uso de la tecnología.

Las organizaciones deben desterrar la opacidad en su personal y nunca perder de vista el factor humano. Si algo que hemos aprendido en la pandemia fue recobrar su rostro a lo esencial de las personas, en sus competencias laborales. En especial en laborales esenciales como enfermeras, cajeras de supermercado, policías, repartidores de comida, los cuales han mejorado sus habilidades, han implementado su conocimiento y mejorado su experiencia en corto plazo, a pesar de los cambios tecnológicos y operativos de sus trabajos.

El problema no son las máquinas y las tecnologías sino el papel de las organizaciones para cumplir su función de garantes del bienestar de las personas, para que se adapten de acuerdo con sus competencias laborales. El retroceso o avance dependerán del liderazgo de la organización y no de las funciones del Estado.

Detrás de una máquina o plataforma tecnológica hay una persona. Entre más avancemos en esta dirección se demostrará que requerirá de personas mejoras cualificadas en sus competencias laborales para obtener mejores condiciones de trabajo, ambiente con salud psicosocial y retorno de la inversión del avance tecnológico.


Traducir artículo

Blog