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Natalia Calderón para El Observador

Detrás de todo comportamiento inadecuado de cada niño (comúnmente llamado “mal comportamiento infantil)” hay una demanda innata insatisfecha que tiene su raíz en la necesidad de sentirse amado e importante para su familia. Es lo que en Disciplina Positiva llamamos necesidad de “Pertenencia y Significancia”.

Cuando los niños no sienten esa conexión con sus padres, comienzan a sentirse mal y, por tanto, a comportarse mal.

Cada enojo, cada empujón, cada vez que rompen algo; es una oportunidad para inculcarle alguna de esas habilidades sociales o de vida. Es en esos momentos cuando ellos más necesitan de nuestra guía y acompañamiento respetuoso. Ahí, precisamente, es cuando se afianza el vínculo entre padres e hijos y ellos se dan cuenta de cuanto los amamos y valoramos por aceptarlos sin reproches y tal como son.

El rechazo, los castigos o los premios que los padres podemos llegar a dar cuando ellos se portan inadecuadamente, los aleja y desalienta. Por tanto, el mal comportamiento se hace reincidente contrariamente a lo que deseamos.

Rudolf Dreikurs decía: “Un niño desobediente es un niño desmotivado”

Los 4 pilares de la pertenencia

Estas cuatro metas son:

  1. Atención: Es el deseo de todo niño, tener la atención de sus seres queridos. Generalmente buscan llamar la atención de manera adecuada. Sin embargo, si sienten que lo que hacen no tiene efecto, entonces prueban con el mal comportamiento, lo que generalmente les da buenos resultados. El mensaje es “soy importante sólo cuando tengo tu atención”. Se da cuando falta el reconocimiento.
  2. Poder: El niño busca sentirse importante haciendo lo que él quiere. Los padres suelen discutir con el niño, él se torna provocador, los padres se descontrolan y entran en una lucha por el poder. En este caso, el mensaje es “soy importante sólo cuando tengo el control, estoy al mando o cuando gano”. Se da cuando falta el poder personal.
  3. Revancha: En este caso, el niño se siente herido, resentido, desplazado, que no es importante. A través de su comportamiento revanchista devuelve el daño que “cree” le han hecho. El mensaje es “me duele no ser importante, por eso te lastimo”.
  4. Insuficiencia: El niño que demuestra insuficiencia, responde pasivamente o no responde a nada, anticipa sus fracasos y se rinde con facilidad. Hay niños que tienen la creencia que realmente no pueden hacer nada y otros se han dado cuenta que demostrando insuficiencia logran atraer la atención de los padres. En ambos casos, el mensaje es “solo si necesito tu ayuda, seré importante”.

¿Qué hacer?

Jane Nelsen nos aconseja que cuando la meta de nuestro hijo sea atención, tratemos de distraerlo involucrándolo en una actividad útil dónde le demos el mensaje de “te amo por eso dedico un tiempo importante contigo”.

Cuando la meta sea poder, evitar pelear y rendirse. En vez de eso, ser firmes y amables al mismo tiempo, darle opciones razonables y limitadas para que él elija y evitar la lucha de poder.

Cuando la meta sea revancha, abordar los sentimientos de resentimiento y dolor. Evitar los castigos. En vez de eso, enfocarse en la solución de problemas involucrando al niño incrementando su sentido de pertenencia.

Y si la meta de nuestro hijo es la insuficiencia, alentar su independencia a través de pequeñas tareas con dificultad creciente, evitando la sobreprotección que, lejos de ayudar, lastima y vulnera su autoestima.

Recordar la importancia de ser  AMABLE y FIRME al mismo tiempo; La amabilidad muestra respeto por el niño; mientras que  la firmeza muestra respeto por nosotros mismos y por la situación.


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