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Hace falta más que el apoyo del comediante mexicano Adal Ramones; el competitivo y tiragorras carácter de Hernán Medford; o el completísimo juego del mejor delantero del país Marcel Hernández, para burlar a la realidad. Las más elaboradas drogas intentan hacerlo desde hace siglos, y al final la realidad tiene la tendencia inclemente de imponerse, sea con golpes o goles, con inundaciones o pandemias, y hacer valer el peso de la probabilidad.

Después del soso empate del pasado miércoles ante Guadalupe, muchos parroquianos brumosos – alejados de su segundo templo en el «Fello» Meza por la emergencia sanitaria – salieron en sus carros a vitorear y ondear banderas blanquiazules por las calles del centro de Cartago. ¡Y lo ameritaba! Tras cinco años y seis meses, el Club Sport Cartaginés regresó a unas semifinales del fútbol nacional.

De nuevo hoy en la mañana, la afición más leal de Centroamérica vivió con optimismo el juego.

En nuestro sencillo y amateur fútbol (si Jafet, Lleida tiene razón) el pase brumoso es razón de sonrisa y celebración y bromas a lo criollo. Pero sea la Premier o la «Premier» tica, la pelota se mueve según los que mejor la tratan, los más hábiles, los más preparados mentalmente, y sobre todo los más intensos.

Hoy Saprissa fue todo eso y a leguas de distancia de lo ofrecido por Cartaginés. Los dirigidos por el histriónico pero ya más experimentado en el banquillo Wálter Centeno trotaron sin mucha presión, mientras los azules se encerraron a esperar atrás…sin ganas, con los complejos de siempre, miedosos. Todos excepto uno. Marcel y 10 más.

Al minuto 10 o al 80 la realidad se iba a imponer.

Previsible por lo mostrado en un interrumpido campeonato y por los nombres de los 22 hombres, los morados noquearon a los brumosos del torneo. 0-4 y pudieron ser un par más.

Fresquito

Dosificado por «Paté», los jugadores dominaron la pelota con Mariano Torres y Michael Barrantes, que ya pasaron por estas lides. Lanzaron a sus alas y la ofensiva de Christian Bolaños, Ariel Rodríguez, Johan Venegas y Manfred Ugalde supo punzar.

Luego de aguantar un tiempo y desaparecido en los últimos 15 minutos de la inicial, Cartago debía demostrar algo. No lo hizo, porque no está ahí. El parón de meses fue mucho para un equipo ya débil. Medford construyó algo lo suficientemente estable para arañar puntos y ganar en casa, pero no para botar a los tradicionales.

La presión de un sacrificado Ugalde y el olfato de un nueve notable para nuestra realidad en Rodríguez eran mucho para la defensa local que hacía aguas. Y en defensa la S se concentró en anular al cubano Hernández. Suficiente remedio para un equipo hoy sin juego ni alma.

Goleada

Barrantes lideró la media morada. (Twitter Deportivo Saprissa)

En el vaivén de las olas que se acrecentaban sobre el marco de Darryl Parker, fue de lejos que vino el zarpazo de Michael Barrantes. 0-1. Tres minutos después al 66′ A-Rod clavó su pierna para el segundo. Y ese tanto retrata la falta de intensidad, el miedo y la parsimonia de los brumosos. Seguro estaban felices con clasificar porque hoy no vinieron a competir.

El lateral Quirós marcó a metro y medio al joven Byron Bonilla que ingresó con buena nota. Centró a placer. Y Heyreel Zaravia en la zaga inexistente, la defensa que no exhala sobre la nuca rival, que no muerde tobillos si es necesario para evitar el gol, que no quiere vivir solo sobrevivir. Rodríguez ni finta de desmarque tuvo que hacer. La intensidad, el peor pecado, el pecado imperdonable, no existió hoy en Cartaginés. Puede ser malo, pero que sea intenso.

Al 73′ el goleador del torneo Bolaños y al 90′ Johan Venegas pusieron números definitivos a la realidad cuyo golpe ni el apasionado Medford puede evitar.

«Me da vergüenza. Pedir disculpas a la afición. La actitud mala desastrosa en los últimos 30 minutos», espetó un molesto Pelícano en la conferencia de prensa posterior al encuentro.

«Mañana trabajar intensamente», dijo por su parte Paté.

Los fantasmas que al parecer no abandonan las mentalidades de los cuadros brumosos saborearon el regreso a la etapa final de un campeonato tras cinco años. Pero los vivos, por hoy, deberán cargar con el lamento de no haber estado a la altura, y de arrastrar sus pasos por el césped de la eliminación sin la intensidad para luchar.

«Saquen ese orgullo ese sentimiento», pidió Medford para la vuelta. Solo eso queda.


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