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@Popcorn506 para El Observador

Clickbait nos llegó como una recomendación que parecía casi pasajera, sin demasiada importancia. Una de esas series y películas que pasan desapercibidas para tanta gente y que los que tenemos la suerte de hacer clic lo agradecemos largamente.

Porque cuando estamos ante una miniserie de este estilo, que se sabe que es un producto finito, muchas veces lo dejamos antes de empezar. No pasa con las películas, por múltiples razones, pero sí pasa con las miniseries. Y esto lleva a que nos perdamos producciones que merecen la pena -algunas de ellas muy valiosas- por distintas razones.

Clickbait tiene la principal virtud de la adicción. Hay pocas series contemporáneas que sepan manejar tan bien las premisas, los capítulos y el ritmo para conseguir enganchar a cada espectador hasta el final. Es como si no hubiera otro remedio que terminar de verla.

Pero no podemos quitarle parte de su influencia a la elección de la trama, muy vinculada con todo lo que tiene que ver con las nuevas tecnologías, las aplicaciones de internet y las redes sociales. Sobre todo, con el poder que tienen todas estas para sacar una faceta desconocida de lo peor del ser humano en sociedad.

Nick es un marido y padre de familia ejemplar al que secuestran para grabarlo acusándolo de violación y asesinato, y prometer su muerte una vez que el vídeo alcance los cinco millones de reproducciones.

Este acto desencadena una serie de revelaciones acerca de los otros miembros de la familia, de sus amigos y de gente implicada en el caso con las que se va completando poco a poco lo que parece un misterio irresoluble.

Los ocho capítulos en los que consiste esta miniserie, que se devoran en prácticamente seis horas, tienen la principal virtud de la consistencia. Desde casi el primer plano, en el que se comienza a adivinar un conflicto familiar bastante profundo, las sensaciones de tensión y emoción no cesan. Como hemos dicho, con la cantidad suficiente para no dejar extasiados a los espectadores y tampoco permitir que en ningún momento se apodere de ellos la distracción o el tedio.

Se podría decir que el grueso de las miradas se lo llevan cuatro actores, principalmente, empezando por Zoe Kazan y siguiendo por Adrian Grenier, Betty Gabriel y Phoenix Raei. Son cuatro actores que, aunque no consiguen todavía atraer demasiados espectadores por sí solos (tal vez Zoe Kazan sea la más conocida por algún papel anterior en filmes de tono indie), imprimen una personalidad muy fuerte y muy marcada a cada uno de sus personajes. Esto es, sin duda, otro de los grandes valores de Clickbait, ya que su alternancia en pantalla sirve para mantener el interés, con un equilibrio igualmente bien medido, que le da a cada uno su ración de protagonismo.

De todas maneras, el elenco es amplio y no queremos dejar de nombrar a algunos de los otros que también marcan en pantalla, como Abraham Lim, Jessie Collins y, sobre todo, Cameron Engels, que ayuda y anima implacablemente a la parte final de la serie.

Uno de sus directores, Brad Anderson, ya tiene experiencia en este tipo de producciones, sobre todo por su trabajo tras las cámaras de The Sinner. Y, al igual que aquella fue ampliando su catálogo a través de distintas temporadas que van desplazándose por distintos casos, aquí bien podría seguir exprimiendo a alguno de los personajes, sobre todo al del detective Amiri.

En conclusión, una serie muy eficaz, que tal vez no vaya a pasar a los anales de la historia televisiva, pero sí que tiene la consistencia suficiente como para sostenerse durante su largo visionado y servir de recomendación rápida a los colegas que soliciten material para devorar en Netflix.


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