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Por Marian Bákit para El Observador

Todas nuestras decisiones, personales o profesionales tienen implícito un “riesgo”. En el contexto más práctico y cotidiano de la palabra podemos considerarlo como, ¿qué puedo perder o qué puedo ganar si tomo una acción o no la tomo.? Pero a nivel conceptual el “riesgo” es algo mucho más amplio que por lo general lo asociamos como algo negativo. Como muchas cosas en la vida, lo importante es comprenderlo para poder administrarlo.

Para iniciar a desgranar; el “riesgo” sí es una variable que podemos controlar y se compone de dos elementos básicos:

  1. La probabilidad de que un evento suceda o no suceda.
  2. El impacto que tendría este evento sobre el objetivo.

Esto significa que podemos definir riesgo como “probabilidad x impacto” y es una variable que puede jugar a nuestro favor para tomar mejores decisiones. Por otro lado, tenemos la “incertidumbre” que comúnmente confundimos con “riesgo”. Si no conocemos ni la probabilidad ni el impacto de algún evento entonces ya no es riesgo, es incertidumbre.  A diferencia del riesgo, la incertidumbre no se puede controlar, ni medir. Por ejemplo, la posibilidad de un terremoto; nadie puede saber con exactitud cuándo, dónde y de qué magnitud será el próximo; así como tampoco los daños que ocasionará.

Todas nuestras decisiones tienen eventos y situaciones con incertidumbre:  la demanda potencial de un nuevo producto, las acciones de nuestra competencia, el realizar un viaje o no realizarlo, etcétera.  La tarea y misión que tenemos es convertir  la “incertidumbre” en “riesgo”.

Entonces, una vez que conocemos la probabilidad y el impacto, conocemos el riesgo. ¿Qué hacemos con esta información? ¿qué hacemos con el “riesgo”?

Pongamos como ejemplo la decisión de andar en bicicleta en la calle para hacer un rato de ejercicios. Podemos mencionar 4 tácticas para manejar el riesgo.

  1. Aceptarlo. Cuando conozco las implicaciones y es aceptable. Simplemente no hago nada. Bajo este escenario, me monto en el bicicleta y salgo.
  2. Evitarlo. Por ejemplo decido tomar acciones previas a la ejecución, como cambiar un proceso, un material, modificar variables sensibles, entre otras. En este caso decido, no salir o bien hacer ejercicios en la casa para evitar el riesgo de un accidente.
  3. Transferirlo. Cuando trasladamos la responsabilidad del riesgo a alguien más. Por ejemplo cuando contratamos seguros para los carros, para los activos de una compañía, etc.
  4. Mitigarlo. Es cuando decidimos disminuir ya sea el impacto o la probabilidad. En el caso de la bicicleta sería tomar las precauciones de seguridad como utilizar casco y rodilleras para disminuir el impacto de una caída.

Como dicen, “quien no arriesga, no gana”. Es cierto, pero es responsabilidad nuestra controlar el riesgo, para asegurar ganar lo más posible o perder lo menos posible. Si queremos ser más exactos en el cálculo del riesgo de un proyecto o inversión, podemos apoyarnos en procesos de analítica para crear distintos escenarios de proyección. Este es otro claro ejemplo de cómo la tecnología y el procesamiento de datos facilitan nuestra toma de decisiones.

Marian Bákit es Directora General de Ideas MCW
Email: [email protected]
Web: http://www.ideas.cr/


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