• Desde la columna

La pobreza del periodismo deportivo costarricense

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  • “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”. George Orwell.

Escaso léxico, sin profundizar, hedonista, falto de precisión, súper oficialista y acrítico. Este es el triste panorama que ofrece en la actualidad el periodismo deportivo costarricense.

La sección deportiva se le cataloga como la de más baja formación académica en las redacciones de los medios tradicionales y se llega al colmo de que, como bien lo afirma Gaetano Pandolfo, para ser periodista deportivo solo se necesita un celular y una libreta.

Por ello, los medios que transmiten temas deportivos (desgraciadamente concentrados en el fútbol) están repletos de “programas de concursos, farándula, cotorreo, frivolidades, estupideces”, según la acertada visión del escritor, pianista y exdiplomático Jacques Sagot.

Por ejemplo, en Costa Rica es común que -sin cuestionar ni chistar- tomemos como fuente digna de confianza y credibilidad programas y medios internacionales -especialmente electrónicos y de televisión-, de muy dudosa reputación y algunos especializados en chismes. Por ejemplo, El Chiringuito, el cual fue calificado por el Nueva York Times como un “chabacano programa nocturno de televisión”.

Esto se resalta cuando esos medios europeos publican algo de Keylor Navas, lo cual es reproducido de inmediato por los ticos. Entonces, el mundo de las redes sociales se “vuelve loco” y llueven las visitas y los “likes”, por más baladí que sea el tema, como que el portero se tiñó el pelo o que su esposa se pintó las uñas.

Eso nos da como resultado una prensa deportiva monotemática (se concentra en fútbol), con muy escasa cantidad de fuentes y sin diversidad de puntos de vista. Conceptos como reportear en las fuentes, buscar hechos verdaderamente noticiosos y aplicar el “fairness” son cada vez más ajenos en nuestro medio.

Ejemplos concretos

Se evidencia una tendencia a imponer palabras y giros idomáticos para aparentar estar informado, en onda, conocer al dedillo lo que pasa en el ambiente.

Así, a un periodista al que le dan mucha pelota en una radioemisora, insiste una y otra vez en llamar al técnico del París Saint German como Mauricio Poketino, a quien desde que era jugador del Newell’s Old Boys lo conocemos como Mauricio Pochetino.

Ese mismo periodista le dice Carleto –como si fuera su gran amigo- al técnico italiano Carlo Ancelotti, cuando Carleto es un nombre que le dicen solo sus familiares. Ni qué decir de nombrar como Celsihno a Celso Borges solo porque su padre, Alexandre Guimaraes, es de origen brasileño.

Más ejemplos. Yigas en lugar de gigas, Ívan cuando se nombra a Iván Rakitic, Mainz por el equipo Maguncia (donde militó Júnior Díaz), Final Four en lugar de semifinal directa, Layon en lugar del equipo francés Lyon (Lion), Jostin para referirse al técnico Jeaustin Campos.

Esos mismos periodistas que sin ningún asomo de autocrítica estaban embelesados con el técnico Gustavo Matosas y ahora lo están con Agustín Lleida, son los que dicen “zaga defensiva” como si pudiera haber una “zaga” que no sea “defensiva”, o que sin sonrojo indica que “Saprissa tiene 24 puntos, mismos que Herediano”, cuando en realidad no son los mismos puntos, sino la misma cantidad de unidades.

Y cómo olvidar esa trillada frase “fulano ya está en cancha”, quitando en “la” cancha. O el utilizar “demasiado” como sinónimo de “mucho”. O “falta sobre zutano”, en lugar de “falta contra zutano”.

En ese rosario de errores se deben apuntar términos equivocados como “ocupar” por “necesitar”, “accesar” por “acceder”, “aperturar” por “abrir”, “legitimizar” por “legitimar”, “direccionar” por “dirigir” o “recepcionar” por “recibir”.

Parecen porristas

Quizás debido a que casi cualquiera tiene facilidad de hablar sobre deportes, en especial de fútbol, se creen en libertad de tener conductas que parecen muy modernas y saltarse a la torera los preceptos básicos del buen periodismo.

Es por ello que para estos profesionales lo importante no es informar, sino figurar, ser el centro de atención, pues según ellos son poseedores de la información, de la verdad, lo que deviene en la farandulización del periodismo.

Así, es común que periodistas deportivos se conviertan en actores de anuncios comerciales o que graben vídeos anunciando ropa de alguna boutique. Convertidos en petimetres, en el velorio quieren ser el muerto.

El periodista se vuelve hincha de un deportista, de un equipo o de una institución, con los cuales muchas veces se establecen inconfesable relaciones comerciales.

Destaca la falta de precisión, son súper oficialistas, profundamente acríticos, sin profundidad, saturan sus intervenciones con lugares comunes y sin la más mínima distancia con la fuente.

No critican porque no les enseñaron en la escuela ni en el colegio -lo cual demuestra las limitaciones de nuestra educación básica- y la incapacidad de las universidades por formar profesionales integrales.

Es por ello que confunden periodismo con relaciones públicas, no investigan, no se preparan para las entrevistas, asumen sin chistar las disposiciones de los dirigentes. Tutean y vocean al entrevistado y algunos jugadores hasta les dedican goles y bailan con ellos en el estadio tras anotar.

Además de no estar capacitados para criticar, tampoco el sistema lo propicia, pues a aquel que lo hace, la fuente no le brinda información y lo excluye del chat oficial del equipo o la federación, lo cual deja al comunicador sin suministro de materia prima.

Otro elemento distintivo: Hacen suyos los nombres que les ponen a estadios y edificios tras acuerdos comerciales con los patrocinadores. Por ejemplo, el estadio de Alajuelense se llamó durante un tiempo Alejandro Morera Soto Scotiabank y así lo llamaban los periodistas.

Pronto se acabó el convenio y el estadio volvió a su nombre original, pero es posible que al hacer un nuevo estadio, regrese a llamarse como una transnacional y sin duda así lo llamarán los medios.

También está el edificio de la Fedefútbol en San Rafael de Alajuela, el cual fue bautizado por su fundador, Hermes Navarro, como Proyecto Gol, pero ahora, por razones comerciales, se denomina Complejo Plycem y, de nuevo, los comunicadores no fallan.

El torneo de Primera División en Costa Rica ya no se llama así, ahora es Liga Promérica. Cuando ese banco ya no patrocine a la Unafut, podría llamarse Liga Toyota o Liga Coca Cola y, de nuevo, los medios harán el cambio sin pestañear.

Pirotécnica tecnológica

Unido a la poca profundidad y ausencia total de crítica, otro factor que destaca en la prensa deportiva costarricense es la agilidad en redes sociales a las que, cual tabla de salvación, se aferran y sobreexplotan.

Son expertos en bucear en redes sociales las migajas de noticias que la fuente desea que se publiquen, pero nunca trascienden ese límite, por lo que son epidérmicos. En otras palabras, no llegan a la raíz de los problemas, en suma, nunca cuestionan y menos investigan.

Como renunciaron a la crítica, a la investigación, al cuestionamiento, a auditar a los dirigentes, al combate de la corrupción, en la práctica los periodistas deportivos ticos son meras correas de transmisión de los intereses de los dirigentes, de la oficialidad.

Se les olvida la sabia máxima del periodismo: Es el dirigente el que necesita del periodista y no al revés.

Por eso, como bien apunta Sagot, los dirigentes, “siempre necesitados de amurallarse detrás de un séquito de celosos rasputines, tienen en la prensa complaciente esos escuderos providenciales”.

Esta situación hace que las preguntas sean insulsas o que sugieran la respuesta. Por ejemplo: “¿Qué tan importante es este triunfo para su equipo?”.

Y lo peor: si por alguna rara circunstancia se cuestiona a un dirigente, es para favorecer a un tercero. O sea, funcionan algo así  como “baterías” con evidentes “intereses creados”.

sobreexplotación del periodista

No todo es culpa del periodista deportivo. O, al menos, hay atenuantes si se quiere.

Ahora el comunicador debe hacer y editar notas, vídeos, fotos y audios, tanto antes, como durante y después del partido. También participar en transmisiones “en vivo”.

Como deben dominar todas las herramientas (vídeo, audio, foto, transmisión en vivo, adelantos, pasar insumos, chatear y postear en las redes oficiales del medio, responder comentarios de los internautas, etc.) el periodista no tiene tiempo para analizar los temas y, menos aún, para profundizar en la información que brinda.

Tampoco para formarse intelectualmente o al menos forjarse una cultura general y es cuando entonces uno entiende como un periodista –el cual es considerado todo un “maestro” por sus compañeros de generación- afirma sin sonrojarse ni ofrecer disculpas, que Hitler escribió el Manifiesto Comunista!

Tendencia siniestra

En el mundo del periodista (no solo del deportivo), las fuentes tratan de que nada se les salga de su control y por ello han convertido las conferencias de prensa en una farsa.

Así, solo se acepta una pregunta por medio y no es posible que el periodista haga valer su derecho a la repregunta. Entonces, ante una consulta más o menos cuestionadora, la fuente contesta lo que a bien tenga, no hay posibilidad de volver a preguntar para ahondar en el tema y nunca faltará el colega que usará su turno a preguntar para cambiar a un tema más “ligth”.

En esa ceremonia protocolar que son ahora las conferencias de prensa llegan sobre todo “ponedores de micrófonos” y los que preguntan son casi siempre los mismos, pues los organizadores les dan prioridad a los medios televisivos y radiales que están “en vivo”.

Esto ha recrudecido con la pandemia de Covid-19, pues las conferencias son virtuales y las fuentes escogen muy bien a los medios que invitan a participar y les envían el link de la actividad.

Incluso, el 12 abril del 2021, el departamento de prensa de Liga Deportiva Alajuelense confesó que realizó una “conferencia de prensa con cupo limitado” o sea que escogieron a los periodistas y los medios a los que invitaron a participar. Al cuestionar ese proceder que atenta contra la libertad de prensa, el encargado manudo indicó “no lo veo grave”.

Notas cortas

Hoy el periodista deportivo no es aquel que informa de un hecho noticioso, sino un “maquillador” de temas. Por eso las notas son tan cortas, menos de una cuartilla.

Aunado a ello es que el periodista deportivo -se supone que es igual en otras secciones- debe cumplir con una cuota diaria de notas, entonces, tiene que escribir rápido y sin posibilidades de corregir, ampliar y menos de profundizar, pues debe publicar y pasar pronto a otro tema.

La noticia ya ni siquiera es una mercancía, pues antes tenía valor. No, ahora es solo una excusa para ganar “likes” o, en algunos casos, para cumplir la cuota de notas que se ha fijado el medio para hacer ver a su web como actualizada y fresca.

Así, los periodistas deportivos no son aquilatados por la hondura de sus informaciones, por la forma en que escriben, por las exclusivas que publica, sino por la cantidad de seguidores que tienen o los “likes” de que disponen en redes sociales, no importa lo que hicieron para conseguirlos.

“Fulano de tal pasó de vender pejivalles en su pueblo a ganar medalla de oro en tal competencia”. Este es un título más que apropiado para legiones de comunicadores deportivos postmodernos.

Por eso vemos notas “dopadas”, esto es: informaciones que son puro sensacionalismo: casi todo lo que tenga que ver con Keylor Navas, el lío de Jorge Luis Pinto y tres jugadores de la Selección Nacional, la continuidad de Andrés Carevic en Alajuelense, etc.

Polémicas insulsas

En la radio imperan programas que montan polémicas. Alguien asigna roles y a mengano hoy le toca defender a Saprissa sin recordar que hace seis días lo criticó a mansalva. También hay ocasiones en que, con tal de hacer creíble la pantomima, se ofende al compañero con palabras salidas de tono, incluso hacia el director de la sección deportiva de la emisora. Y todos siguen frescos como lechugas!

Además, para hacer ver que tienen muchos oyentes e internautas, les abren el micrófono a unos pocos para decir que son muy democráticos y postmodernos.

Y pese a que cada programa de estos afirma ser diferente a los otros, todos son similares por no decir que idénticos.

Al igual que a los de la radio, a los periodistas deportivos de televisión se les pegan -con una facilidad pasmosa- las malas artes de la prensa mexicana: utilización de la mujer como objeto sexual disfrazado de amplitud, de ser de avanzada, aunque ellas (con excepciones que confirman la regla) sepan un comino de lo que se habla y solo sean utilizadas para leer los comerciales.

En síntesis, se le abren las puertas de par en par al que no conoce una universidad pero que dice cosas bonitas, que hace gracia, que es simpático, ojalá medio vulgar, que use un limitadísimo léxico pero que tenga “picante”, con cero escrúpulos y que no haya recibido una clase de ética, pues así se le puede poner a decir y hacer lo que sea menester para ganar “likes”, para divertir a un público deseoso de periodismo corrongo, como decía Carlos Morales.

Analfabetas

Gaetano Pandolfo lo describe en forma magistral: “La radio y algunos canales de la televisión, están inundados de programación deportiva, dirigida por audaces analfabetas, a quienes les basta contratar a expertos en redes sociales que les multipliquen los “likes” y con ellos cautivar a los nuevos genios de la publicidad”.

En ese marasmo, el principal perdedor es el ciudadano deseoso de información y el buen periodismo. Chesterton lo simplificó: “El periodismo consiste esencialmente en decir ‘lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo”.

¿Y las sospechas de amaños de partidos?, ¿los fracasos de la Selección Nacional, tanto masculina como femenina?, ¿la renuncia de Marjorie Sibaja como integrante de la Fedefútbol?, ¿la cada vez más evidente participación de dineros de dudosa procedencia en el fútbol?, ¿la compra -o al menos el intento- de equipos de Primera División por parte de señores que no pueden justificar de dónde sacan el dinero?

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A estos y otros temas la prensa deportiva costarricense prefiere no entrarle, hacer mutis por el foro, ver al costado y montar una coqueta polémica sobre cualquier tema intrascendente pero que deja muchos “likes”.

Para bien del buen gusto hay excepciones, aunque muy escasas. Destacan investigaciones de La Nación que sacuden el cotarro, las cuales son documentadas y escritas por el periodista y abogado Amado Hidalgo y el director de esa sección deportiva, Antonio Alfaro.

Y ni qué decir de las luchas que ha emprendido, como Quijote sin Sancho, el maestro Gaetano Pandolfo en su columna La Nota de Tano, un espacio valiente que desnuda nuestra pobreza como prensa deportiva.

 

 


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