El artista Jhon Linki: un corazón de poeta en la Zona Roja que sigue deleitando con su voz

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Jhon Linki sabe lo que es ganarse el corazón de la gente en pocos minutos. De gran altura y ojos celestes, como quien diría de “chaine europeo”, no dura ni un segundo en responder cuándo se le pregunta la nacionalidad: ¡orgullosamente costarricense!

Al escuchar su nombre también se duda.

  • Linki… ¿está seguro que es 100% tico?
  • Mi papá es de Lituania, pero soy costarricense, claro que sí.

No duda en responder. Poco después nos dijo que Linki no es su apellido, sino su nombre artístico, porque a quién conocimos aquel viernes en el distrito Merced, en pleno corazón de San José, fue a un artista, a un trovador que ha puesto en alto al país y que desde sus 17 años incursionó en la música.

Hoy vive en un Dormitorio Solidario y recibe ayuda social, ahí llegó, tras conocer los auditorios y el aplauso de la gente, por esas vueltas que da la vida.

En el Auditorio Nacional de México

Yeimi Linkimer Bedoya, turrialbeño de cepa, participó en 1995 en un concurso de alto nivel en el Auditorio Nacional de México, donde obtuvo el segundo lugar. La noticia fue cubierta por la prensa, donde destacaban su participación en representación de este pequeño país centroamericano.

Volvió nuevamente a México a perseguir su sueño de artista y recorrió diversos escenarios en varios estados, donde llegó al corazón de sus oyentes.

“Está en México D.F., un tipazo”, “¡wow! gracias por acompañarnos y deleitarnos en la feria solidaria”, “he escuchado tu música y has llegado a mí a través de ella”, son parte de los comentarios que desde hace 7, 3 y hasta un año sus seguidores han dejado en su canal.

Ciudad de México, San Luis Potosí, su amado Culiacán, Querétaro, Chiapas y Jalisco son parte de las zonas desde donde sus seguidores han reportado haber escuchado en vivo al artista.

Durante los últimos tres años en México, el destino le deparó deleitar a los mexicanos de Culiacán mientras se dirigían a sus casas o trabajos. Allí cantaba en camiones (buses), con la guitarra como su única herramienta para ganarse la vida. Como él dice, “el artista no cambia, lo que cambia es el escenario”.

“Quiero mucho a México. Siempre me han aplaudido y apoyado, son muy solidarios. Mi mamá era campesina de Turrialba y mi papá un lituano judío, y aprendí de ellos la honestidad y la sencillez, uno donde quiera que sea si usted es artista lo demuestra y lo ejecuta”, expresó Linki.

En el 2018, el artista fue entrevistado por el mexicano Iván Medina, a quién explicó que fue la necesidad la que lo llevó a otros escenarios. “No se me ha dado el valor que quizás me merezca, uno necesita comer y buscar otros horizontes”, dijo Linki en ese entonces.

Soñador de justicia

La canción que más enorgullece a Linki y a la que califica como “un presagio” de lo que está atravesando el mundo, es la llamada “Les compro el dinero”, que genera reflexión sobre la importancia -o no importancia- de lo material.

“¿Cuánto es que cuesta la vida? ¿Cuánto es que cuesta la muerte? ¿Cuánto es que cuesta la risa de un niño que juega tranquilo en la calle? ¿Cuánto es que cuesta un te quiero? ¿Cuánto es que vale el amor de una madre? Les compro el dinero”, es parte de lo que reza la canción de Linki.

“Hoy es un mundo de envase. Por eso es una canción que quiero tanto, es una crítica al consumismo que se vive. La parte interna de las personas es lo que está faltando en el mundo. El sentimiento, el pensamiento, la sabiduría, el intelecto… es lo que lo hace a usted ser o no ser”, mencionó el artista.

Jhon es administrador de empresas de profesión, pero nunca se desempeñó como tal porque asegura que “no desarrolló una mentalidad empresarial”. Soñador de una verdadera justicia social e igualdad, Linki prefirió cautivar con sus letras y su voz.

Luego de explicarnos qué significa la música desde una perspectiva teórica, y hacernos un repaso por las distintas notas musicales, el cantante aseguró que la música en su vida “es la más bella expresión”.

“A través de la música se expresa un sentimiento, nos pone a bailar, o una canción filosófica, profunda que nos pone a pensar, como Facundo Cabral”, dijo.

Linki quiso señalar que no fue adicto a ninguna droga; aunque como a muchos, le gustaba el licor. “Ya son años que no tomo, estoy completamente desintoxicado, en la sanidad. 54 años y nunca he pasado por la ley, aprendí de mis padres a ser honesto y es lo que trato de mantener”, recalcó.

Regreso a Costa Rica

Luego de varios años viviendo en México, a donde fue múltiples veces y una de ellas detrás de una novia española, Jhon Linki paró en el hospital con una apendicitis que se complicó y evolucionó en una peritonitis.

“Se me reventó la apéndice, me tuvieron que cortar un poco de intestino. Me pusieron una bolsa de urostomía”, contó.

Luego de ser atendido y con el drenaje guindado a su estómago, Linki volvió a las calles de Culiacán a ejercer su pasión, la música. Estuvo en tres albergues en México. No obstante, la situación de salud se complicó y buscó ayuda en la oficina de Migración de México, que coordinó un viaje de retorno asistido para Linki.

“Estaba muy débil y ya no me sostenía para cantar en los buses”, dijo.

Cuando llegó a Costa Rica tuvo que ser operado para reconectar su intestino y así se deshizo de la bolsa que cargaba a diario. Aquí no tenía hogar y un familiar lo aceptó, pero solo por unos meses.

Por esto, Linki tuvo que partir para un sitio josefino conocido como “El Paso de la Vaca” donde recibía ayuda por parte del Ejército de Salvación, que brindan alimento a personas en vulnerabilidad y habitantes de la calle. Fueron ellos quienes lo enviaron a donde vive ahora.

A Linki lo conocimos en una visita al Dormitorio Solidario, una residencia en San José que recibe a decenas de habitantes de la calle por día.

Vive ahí desde hace cuatro meses y es uno de los pocos que lo hace de forma permanente; su condición y la ayuda tanto del dormitorio como de otras personas así lo permiten.

Dormitorio Solidario

En el casco noroeste de San José existe un viejo hotel utilizado para una razón social: darle alimento y abrigo a habitantes de la calle o personas que, por alguna circunstancia, se encuentran sin hogar.

Se trata del Dormitorio Solidario, que cumple la próxima semana un año de funcionar. Allí reciben a hombres y mujeres mayores de edad que necesitan un lugar donde descansar con seguridad, tal y como explicó su trabajadora social Karynm Osegueda.

Mujeres en situaciones de violencia, adultos mayores sin hogar o con alguna condición de salud, personas sin empleo, entre otros, son parte de las poblaciones que se han atendido en el lugar.

A diferencia de don Jhon, la mayoría de personas que llegan al lugar lo hacen por términos de día, y si está dentro de las posibilidades, la contribución que se solicita es de ¢2 mil colones que significan techo, baño, cambio de ropa y alimento.

Otro de los habitantes del lugar es Rigoberto, un adulto mayor que cuidaba carros y ahora mora junto a Linki. Según contó, además de abrigo y alimento, ha encontrado en el dormitorio solidario amigos, respeto y cariño.

La pandemia ha venido a complicar, como a todos, las condiciones. Parte de los cambios ha sido habilitar el lugar para recibir únicamente la mitad de su capacidad así como acoger estrictos protocolos sanitarios, incluyendo el acondicionamiento de cuartos de aislamiento en caso de reportar un caso sospechoso o positivo de COVID-19.

La petición de don Jhon fue una: ayudas para el Dormitorio Solidario y los compañeros con los que pasa el día entero.

“Aquí nos dan el techito, el abrigo, la dormida, la comida… eso nos hace evitar una situación de calle. Triste que sería dormir en la calle, a la cual le pido a Dios que no me lleve”, dijo el artista.

Dormitorio Solidario: (506) 2101-5599

El Dormitorio Solidario realiza también “ventas de garaje” a partir de donaciones, para costear parte de las necesidades del lugar. También existe la oportunidad de ser “padrino” de una persona que necesite de techo. Como dicen usualmente: todo tipo de ayuda es bienvenida.


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Un viaje diario entre palabras, versiones, hechos y verdades. Una periodista en constante aprendizaje, con el sueño de ser bióloga marina y sumergirse en las historias más profundas del gigante acuático.