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Licda. Katherine Arce para El Observador

“Tengo una amiga que está en una relación dañina, ella no es la misma desde que está con él. Ahora la veo triste, se ha alejado de sus amistades, ya no es tan alegre como antes ni hace las cosas que le gustaban. Yo trato de hacerle ver que su novio no es una buena pareja, que la está agrediendo pero ella no quiere dejarlo, denunciarlo…nada! A veces no la entiendo, no sé por qué sigue estando allí si le hace mal y ya no sé qué más decirle o hacer para ayudarla”

Este dilema es común cuando nos enfrentamos ante la realidad de que una mujer cercana (mamá, hermana, hija, amiga, compañera de trabajo) y a la cual queremos y tenemos afecto, se encuentra en una relación de violencia. ¿Cómo acompañarla de una forma sana ante esta situación?

Le comparto algunas pautas básicas que puede hacer si se encuentra ante este escenario:

Escúchela activamente

Hágale saber que no está sola, que puede acudir a hablar con usted cuando lo necesite. No se limite a oírla, concéntrese en las ideas, los pensamientos y las emociones que ella le comparte. Mientras ella habla evite estar pensando constantemente en darle una solución o un consejo ante la situación, procure no distraerse durante la conversación, interrumpirla o contar su propia historia en lugar de escuchar la de ella. Probablemente lo que más ocupa en un inicio es sentir que a alguien le importa lo que le está pasando.

Valide las emociones que le comparte

Hágale saber que lo que está sintiendo es normal y esperable ante una situación que no es normal como lo es la violencia. Las mujeres que viven agresión muchas veces son invalidadas como parte de esta dinámica y perciben de su contexto (principalmente del agresor) que sus emociones son exageradas y “dramáticas”. Por ejemplo, frases como: “entiendo que te sintás triste y confundida, cualquier persona que estuviera viviendo algo como lo que me contás se sentiría de la misma manera”.

Evite juzgarla y culparla por la violencia vivida.

La violencia nunca es responsabilidad de la víctima. Aclárele que nada de lo que haya hecho, dicho o dejado de hacer justifica la violencia que ha padecido y que no es ella la causante de la agresión.

Recuerde que una mujer se sostiene en un vínculo de violencia por muchos factores. La dependencia económica y/o emocional, procurar la protección y estabilidad de sus hijos e hijas, las creencias religiosas, el desconocimiento de cuáles son sus derechos, la desinformación sobre espacios profesionales de apoyo, los sentimientos de culpa, el temor a ser juzgada o que no le crean si denuncia, la crianza social que recibimos las mujeres, creencias equivocadas en torno a la violencia son tan solo algunos de los elementos que le obstaculizan tomar una decisión. Ella lidia con todos ellos día a día, y escuchar frases como “usted sigue allí porque quiere”, “¿por qué ha aguantado tanto?” lo único que hacen es hundirla más en la relación.

Infórmese

Busque información sobre espacios donde ella puede recibir apoyo profesional a nivel psicológico y/o legal que puedan orientarla. El Instituto Nacional de las Mujeres con su respectiva Delegación de la Mujer, las Oficinas de la Mujer (existentes en la mayoría de municipalidades del país), Consultorios Jurídicos de los respectivos tribunales, Juzgados de Violencia Doméstica son algunas de las instancias que trabajan estos temas, todos completamente gratuitos.

Bríndele esta información a ella y si está dentro de sus posibilidades, ofrézcase a acompañarla a solicitar las citas respectivas o a interponer la denuncia. Atravesar este primer paso puede generarle mucha ansiedad a ella, pues debe contarle a un desconocido su situación, pero si está acompañada de alguien cercano y conocido el momento puede ser más llevadero.

Ofrézcale recursos suyos de los cuales ella pueda disponer  

Si está dentro de sus posibilidades hágale saber que su casa puede ser un espacio de refugio ante alguna emergencia por la violencia vivida. Si puede, cuide a sus hijos e hijas cuando ella lo necesite. Si ella está desarrollando un emprendimiento para tener un ingreso propio, cómprele los productos o servicios que ofrece.

Respete sus ritmos y tiempos

El daño emocional ante la violencia, implica que las mujeres sientan que han perdido el control de sus vidas y se les dificulte tomar decisiones. Buscar la salida toma tiempo, no es un proceso que se da de la noche a la mañana. Hágale saber que usted comprende esto, y que no debe sentirse presionada a tomar decisiones para las que aún no se sienta lista. Celebre los avances paulatinos: que haya roto el silencio, que pueda sacar todo lo que ha tenido guardado por tanto tiempo, que ya está en terapia, que asista a los grupos, que está buscando un trabajo, etc.

El autocuido

En el proceso, recuerde que mientras acompaña a este ser querido, usted sigue requiriendo tener sus espacios para cuidarse. Apoyar a una mujer en violencia puede resultar física y emocionalmente agotador, por lo que “recargar las energías” es fundamental. Haga cosas que le gusten, procure actividades para lidiar con el estrés y la frustración, hable con personas de confianza sobre lo que siente ante la situación y si es necesario, busque escucha con un profesional. Recuerde que si usted no está bien en primera instancia, no puede apoyar a las mujeres que le rodean.

Licda. Katherine Arce Robles
Psicóloga especialista en temas de género


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