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Dra. Margarita Murillo para El Observador

Estuvimos pensando en la urgencia de conocer mejor los pasos del orgasmo. Sí, así como lo leen: pasos, pues hemos utilizado el encuentro coital (que es una fuente más de encuentro sexual mas no la única) muy escasamente o con desgano y desconocimiento.

A menudo no utilizamos la energía sexual al máximo, y mucho menos logramos encontrarnos y compenetrarnos mejor como pareja.

El primer mito que vamos a botar es aquel que piensa que el encuentro coital, por sí mismo, se termina en una noche.

Un encuentro sexual puede llevarnos de ocho a 15 días, el objetivo es producir muchos orgasmos y mantenerlos. Para eso debo saber que el primer paso del orgasmo es el juego, el galanteo y la capacidad de explorar. JUGAR – EXPLORAR – GALANTEAR. Pero sobre todo darme el derecho yo como mujer.

Trazar los pasos del orgasmo implica que ya una sabe que la sexualidad tiene tres componentes. En el erótico se ha aprendido a manejar y conocer el cuerpo, se gusta una a sí misma. Esta parte en las mujeres por lo general está lastimada, pues ¿cuál de nosotras no ha sentido rechazo por alguna parte del cuerpo en algún momento de nuestra vida, o mantenemos el rechazo por esa parte?

Los otros componentes son el afectivo, pues el impulso sexual también viaja con las emociones. Aprender a madurar y manejar las emociones adecuadamente será básico para poder disfrutar del placer.

El tercer componente es el espiritual, que implica vivir este encuentro con respeto, donde ambos queremos estar y no vamos a ser forzados.

Problemas emocionales y la figura masculina

El segundo mito es que el encuentro coital arregla problemas emocionales. ¡No! ¡Rotundamente no! La energía sexual tranquiliza, estabiliza un poco emocionalmente, pero no resuelve. Para resolver hay que comunicarse abierta y honestamente, con mucho respeto.

El segundo paso surge después del juego, galanteo y la exploración.

Este es el deseo y la seducción, pero surge cuando yo me siento linda, deseable, capaz de seducirme para poder seducir. Es decir, me veo y lo veo muy atractivo, o lo siento así, aunque para los estándares culturales no lo sea, eso no importa, es la picardía del encuentro, con nuestros secretos y deseos.

El tercer paso es negociar. Negociar implica que yo voy a pedir lo que me gusta y cómo me gusta. Las mujeres debemos de aprender a darnos el derecho de vivir intensamente nuestro placer.

Aquí botamos el tercer mito: los hombres son los encargados de nuestro placer. Si nosotras no sabemos cómo se siente y se cultiva poco el placer en nuestro cuerpo, ellos no pueden ni deben adivinar.

Y aquí entra otro mito: una mujer no puede desear o tener iniciativa, eso es de hombres. Si lo hace es porque “anda con alguien o le enseñaron”, va unido al anterior.

Culturalmente creemos que “ellos nos enseñan”, cuando en realidad ambos aprendemos y tenemos el derecho a equivocarnos. La huella erótica es única con cada pareja.

En un encuentro coital, no es necesario “concluir o llegar” sino disfrutar, pues cada uno tiene un ritmo diferente. Disfrutar de la diferencia en el deseo, en la exploración y en el encuentro, esa es precisamente la riqueza. Por lo general nuestros actos son muy mecánicos.

Así que, hasta después de negociar, puede que yo desee el “plato fuerte”, y mi pareja solo desee “postre”. Cuando digo esto me refiero a que no necesariamente los dos coincidiremos en lo que queremos hacer. Uno necesitará masaje, el/la otro/a penetración, el/la otro/a solo caricias, etc. Hay que abrirse a permitirse encuentros para cada uno/a y para los/as dos.

Manejar la excitación

Después de negociar entra el paso de la excitación, que debemos aprender a manejarla y no que ella nos maneje a nosotros, pues pasa muy rápido al orgasmo y debemos de dejarla en el siguiente paso que es la meseta.

Este es el lugar donde podemos aprender a subir la excitación al resto del cuerpo, donde podemos comunicar nuestras sensaciones; y aprendemos nuevas técnicas y caricias. Esto por supuesto toma tiempo y por eso hablamos que en ocasiones, se logra llegar hasta aquí, es decir nos excitamos y nos vamos a dormir. Puede que logremos pasar al otro paso que es el orgasmo o no, pero no pasa nada si se logra o no.

Es darse el espacio para conocerse y tomar el tiempo para estar juntos. El orgasmo no acaba el encuentro, así como eyacular no se debe asociar a orgasmo o que si el hombre eyaculó se acabó el encuentro. Se puede continuar con caricias o con lo que usted como mujer desea. Aprender a diferenciar esto es importante y saludable.

Después del orgasmo, viene el paso de resolución. La resolución es concentrarse para poder sentir la sensación de la energía sexual en todo su esplendor y se une al último paso, que se llama orgasmos afectivos y espirituales.

Este último paso es el que servirá de enlace con el primer paso de explorar jugar y galantear. De esta manera completamos el círculo que nos hace iniciar de nuevo.

Si observan el gráfico, pueden ver (seguir líneas punteadas) que usualmente, exploramos, nos excitamos, orgasmo y para afuera, o empiezo con deseo, me excito, orgasmo y me voy. Esto corta un proceso que es más largo, profundo, excitante, pero sobre todo saludable.

Esta manera de ver el encuentro logra que estemos continuamente renovando nuestros encuentros, a la vez que nos bota mitos que no nos permiten madurar sexual y emocionalmente como hombres y mujeres.

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