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Francisco Soto para El Observador

La mitología griega cuenta que el Rey Pigmalión esculpió una estatua con la figura ideal de una mujer. Le gustó tanto su obra que quiso que se convirtiera en un ser real. Pidió ayuda a Venus Afrodita, la cual colaboró en cumplir su sueño y así nació Galatea, su mujer ideal.

La realización automática de las predicciones, conocido como “Efecto Pigmalión”, o “la profecía que se cumple a sí misma”, es cuando alguien anticipa un hecho y existen muchas probabilidades de que se cumpla.

Para ello se requiere que se cumplan tres aspectos. Primero, creer firmemente en un hecho; segundo, tener la expectativa de que se va a cumplir y; tercero, acompañar con mensajes que animen su consecución. Algo que está muy arraigado a las Pymes, principalmente en aquellas que quieren crecer.

La mayoría de las Pymes son emprendimientos ligados a emociones. Por ello, las creencias y expectativas de quienes las dirigen afectan la conducta de su personal de forma directa. Formar y motivar a sus colaboradores a que ejecuten mejor sus competencias laborales y que los lleva a obtener mejores resultados, es la base que da fundamento a unas expectativas reales elevadas.

Las expectativas y las competencias laborales

Ante la incertidumbre actual y la presión de la crisis, algunas Pymes dan a entender al personal que su rendimiento es inferior al que pueden alcanzar. Esto se debe a que se enfocan en los resultados sin evaluar las competencias laborales requeridas para alcanzar la eficacia en los puestos de trabajo.

Por lo tanto, si las expectativas de una PYME no están alineadas con las competencias laborales de su personal, el que dirige la organización determinará que el rendimiento de su equipo de trabajo es mediocre. Será imposible ocultar esta impresión en su toma de decisiones hacia la estructura.

Lo que tiene importancia en la comunicación de una expectativa no es precisamente lo que diga el responsable de dirección de la Pyme, sino la manera en que se comporta este ante una situación específica.

Sus competencias laborales en el área de dirección son fundamentales para el personal que tiene a cargo. Con su ejemplo comunica las expectativas y, en consecuencia, origina un rendimiento eficiente en la estructura que dirige.

El reto de la productividad

El reto que tenemos para generar productividad en las Pymes es crear una cultura de trabajo en donde coincidan las expectativas elevadas y las mejores competencias laborales. Estos son los factores que permiten la obtención de buenos resultados y la confianza en lo que hacen. Por consiguiente, el personal aceptará estas expectativas como realistas y trabajarán por conseguirlas.

La diferencia entre el personal con rendimiento bueno y malo no está en cuánto les pagan, sino en cómo son valorados por sus competencias laborales y por la motivación de cumplir con la expectativa del negocio.

Los responsables de dirigir una PYME deben aprender a tratar a su personal de manera que alcancen expectativas de forma mutua con el máximo rendimiento, mejorando sus competencias laborales. Las empresas más eficaces siempre lo hacen.

Igual que el Rey Pigmalión esculpió una estatua, el responsable de dirigir la Pyme debe esculpir su negocio mejorando sus conocimientos, habilidades y experiencias para poder dar el ejemplo necesario y cumplir con sus expectativas. Las competencias laborales en una estructura organizacional son para todos necesarias.


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